Despedida, bronca y detenidos en Empalme Graneros tras el crimen de Máximo Gerez

El niño de 11 años fue asesinado la madrugada del domingo. Este lunes lo despidieron en el club Los Pumas y luego hubo disturbios en los que fueron detenidas tres personas acusadas por los vecinos como vendedores de drogas

78974808jpeg

Un club de barrio como sala velatoria. Una escena repetida en los últimos años en Rosario. En esta ocasión, lunes por la mañana, fue en Los Pumas, la institución deportiva ubicada en el sector del barrio Empalme Graneros donde habita la comunidad Qom. Allí despidieron a Máximo Gerez, de 11 años, el niño asesinado a balazos el domingo por la madrugada en un ataque que dejó además a otros tres chicos heridos.

Julio Gerez, padre de Máximo, parece un hombre taciturno, al menos con las personas con las que no tiene un vínculo de confianza. Y este lunes por la mañana estuvo rodeado de gente que no suele ver: periodistas, policías, gran parte de los docentes y alumnos de la escuela a la que iba su hijo, y vecinos del barrio que se acercaron a acompañar. Sin embargo, aun con sus pocas palabras, tuvo la claridad justa para describir la desolación: «No apareció nadie». Lo dijo en referencia a funcionarios judiciales y políticos, de quienes esperaba una señal de acompañamiento.



Hubo quienes se pronunciaron. El fiscal del caso, Adrián Spelta, habló en conferencia de prensa en el Centro de Justicia Penal sobre el posible contexto del crimen. El intendente Pablo Javkin respondió a la prensa algo sobre el tema luego de la presentación de la tarjeta Sube en Rosario. Pero más allá de los nombres propios la familia Gerez sintió la ausencia estatal luego del asesinato de Máximo, tal como algunos docentes que hablaron con La Capital mencionan que ocurre cada día en este rincón olvidado del noroeste rosarino.

Como si estas muertes, tan repentinas como repetidas y necesariamente evitables, fueran coherentes con las vidas posibles en estos sectores de la ciudad. En lo que va del año ya fueron asesinados cuatro menores de edad en el departamento Rosario. Cifra que se suma a las 33 víctimas fatales de entre 0 a 18 años que hubo durante 2022, de los cuales 29 fueron a balazos y 26 en contextos de narcocriminalidad. Si hay otro punto en común es que todos vivían en los barrios ubicados por fuera del macrocentro.

Del olvido vienen y hacia el olvido irían si no fuera por quienes se dignan a trabajar por la vida de estos chicos y honrar su memoria cuando son asesinados. Máximo Gerez pertenecía a la comunidad Qom, jugaba al fútbol en Los Pumas, iba a la Escuela Bilingue 1344 «Cacique Taigoyé». En su caso fueron varias decenas de personas las que se acercaron al club. Había tantos docentes como pibitos y vecinos que marcaban una distancia prudente del féretro, rodeado por los allegados más cercanos y el cacique que oraba en la lengua originaria bajo una cruz cristiana, muestra del sincretismo que describe la historia de un continente.

Verónica Greco, docente del nivel inicial en la Escuela 1344, habló con La Capital acerca de cómo las instituciones educativas abordan la cuestión de la violencia en este barrio. «Tratamos de contener, escuchar cuando vienen las familias y nos cuentan las situaciones que viven o los temores que tienen cuando van a la escuela a la mañana temprano o cuando regresan por la tarde», explicó. «Los niños cuentan lo que pasa y dicen la verdad. Creemos que si ellos cuentan algo de forma espontánea es porque hay alguien que no lo quiere ver», sostuvo la docente.

Hay un objetivo en esa búsqueda de contención y es que los chicos no dejen de ir a la escuela a pesar del contexto en el que viven. «Notamos un miedo cada vez mayor. Se trabaja constantemente para ayudar en lo que se necesite, junto a los grupos socioeducativos, nuestros directivos comunican las situaciones que se presentan para tratar de buscar respuestas», indicó Greco. «Pero llega un momento que pasa un límite y se desborda», agregó.

«El Salteño»

Sobre límites que se superan también habló el fiscal Adrián Spelta, que quedó a cargo de la investigación del homicidio de Máximo. «La presencia de niños era generalmente un obstáculo o un código para evitar este tipo de ataques, hoy ya no. Se corrieron todos los límites», indicó el funcionario. «Evidentemente hay un conflicto con una banda particular en ese punto neurálgico de la ciudad, un conflicto que desencadenó una balacera y que ya no tiene límites», enfatizó.

Al momento el fiscal cuenta con dos armas secuestradas el domingo. Fue cuando policías patrullaban a pie en la zona de Cabal y María de Los Ángeles, donde vieron a un grupo de hombres huir de una casa. Si bien no pudieron detenerlos, los uniformados encontraron en la vivienda una pistola 9 milímetros y una ametralladora FMK3.

El conflicto que supone Spelta es tal vez el mismo al que hacen referencia desde hace meses los vecinos de ese sector del barrio Empalme Graneros. Se trata de una disputa entre pequeños vendedores al menudeo que tienen sus puntos de venta en viviendas separadas por una cancha de fútbol. Por un lado hasta hace un tiempo la referencia era Cristina Fernández, alias «La Gringa», quien fue asesinada a balazos el 30 de julio pasado. Por otro lado, aparece «El Salteño», identificado por la justicia como Cristian «Salteño» Villazón, preso desde 2020 e imputado por el triple crimen ocurrido en febrero de aquel año en Empalme Graneros. En ese hecho fueron asesinados Cristopher Albornoz, su pareja Florencia Corbalán y Chelsi, la hija de 1 año de ambos. Cristopher era hijo de Miguel Ángel «Caracú» Albornoz, condenado en junio de 2022 por narcotráfico.

En Los Pumitas, luego del crimen de Máximo, comenzó a rumorearse el nombre de «El Salteño». Según indican los vecinos el hombre continúa administrando la venta de drogas en ese sector de Empalme Graneros. En ese marco, apurados por el hartazgo, al mediodía del lunes los vecinos se amontonaron sobre una vivienda del barrio y se enfrentaron a los presuntos transeros. Luego de que llegara la policía al lugar, y tras una serie de persecuciones a pie por los techos, demoraron a un hombre y dos mujeres.

La bronca vecinal no frenó y la policía reprimió con municiones antitumultos que hirieron a Julio, el padre de Máximo. «Agarran a los transeros, lo llevan y después lo largan», dijo el hombre a un canal de televisión mientras mostraba las heridas en el pecho.

Días antes del crimen de «La Gringa» Fernández había sido asesinada Brisa Maitén Brest, una joven de 22 años sindicada por vecinos como vendedora de drogas para la propia «Gringa». En el marco de aquel homicidio los vecinos dialogaron con La Capital y ofrecieron una descripción del barrio que coincide con lo que pasa por estos días.

>>Leer más: «Comprar droga sale más barato que llenar la olla», la trama social detrás del crimen de una chica en un búnker

«Venden esa mierda toda cortada y los pibes caen cada vez más en esa tentación. Aparte ahora la fuman y eso los hace pelota», contó un joven que pidió no ser identificado por temor. «Están por todo el barrio, últimamente están tomando todos los pasillos, se fueron desparramando y ahora se sienten más. Si abrís la boca te cagan a tiros«, agregó una mujer.

«Siempre están arreglando con la policía, entonces se van moviendo. Los allanan en un lado y se van a vender a otro», indicó. La desconfianza con las fuerzas de seguridad es evidente. En ese marco se explica el disgusto de los vecinos tras la detención este lunes de los acusados como transeros. No solo por la represión contra quienes protestaban, sino por la sensación de que nada cambia a pesar de las detenciones y los crímenes.

Sorry, comments are closed for this post