Como cada año, el calor no sólo viene acompañado de las añoradas vacaciones, sino también del acecho de la deshidratación que puede afectar el rendimiento físico y mental sin que podamos darnos cuenta, y se convierte en uno de los mayores peligros del verano. La importancia de realizar “tomas conscientes” y generar “alarmas mentales” para recordar beber agua.

thumbnail

Somos lo que comemos y lo que tomamos. Pero si de líquidos hablamos, el 60% de nuestro peso corporal total es agua, relacionando la cantidad de agua con algunos de nuestros órganos podemos decir que Tres cuartas partes de nuestro cerebro y corazón están representadas por agua así como el 83% de nuestros pulmones y el 31% de nuestros huesos son agua. Sin embargo, a lo largo del día grandes cantidades desaparecen a través de la orina, el sudor, o incluso la respiración.

 

La deshidratación se define como la disminución del agua corporal total producida por el desequilibrio entre las pérdidas de líquidos o fluidos y su ingreso, es decir, que las pérdidas superan los ingresos. Cuando tenemos sed es porque ya existe cierto grado deshidratación, con lo cual hay que anticiparse bebiendo agua durante todo el día. En principio, nos podemos ayudar colocando alarmas en el celular que nos recuerden que debemos hidratarnos de forma continua, de esta forma realizamos un ejercicio consciente de una correcta hidratación.

 

Una adecuada hidratación permite al organismo mantener un buen funcionamiento de muchas reacciones químicas internas, el adecuado equilibrio de muchos minerales como el sodio, potasio, calcio entre otros, es decir, que resulta fundamental para mantener el buen funcionamiento celular y de muchos órganos. Además, la deshidratación puede traer consecuencias graves sobre la salud sobre todo en los grupos vulnerables, como lactantes, niños, ancianos, embarazadas y deportistas.

 

A pesar de que la producción de sudor es baja estando en reposo, pueden llegar a exceder 1 a 2 litros por hora en deportistas que realizan ejercicios en climas cálidos y secos; bajo estas condiciones climáticas niños y ancianos aumentan las pérdidas de agua (por sudoración y respiración) produciendo deshidratación grave, situación que se puede agravar aún más en condiciones de enfermedad asociadas con fiebre, vómitos, diarrea, entre otras.

 

Los problemas de salud vinculados a la deshidratación pueden ocurrir en todas las edades. En general la deshidratación produce sequedad de la mucosas, debilidad, dolores de cabeza, fatiga, nauseas, la orina comienza a concentrarse y aparece más oscura hasta que finalmente si la falta de agua persiste los riñones dejan de funcionar y no se produce la cantidad de orina necesaria para eliminar los productos metabólicos de desechos.

 

En el caso de los deportistas, la deshidratación puede bajar el rendimiento deportivo, traer alteraciones musculares como calambres, entre otros problemas. En los demás grupos de riesgo como niños o ancianos, la deshidratación puede llevar a problemas neurológicos y renales, situaciones realmente graves que ponen en riesgo la vida y requieren consulta y eventualmente internación para hidratación endovenosa. En la tercera edad, la deshidratación puede tener mayor impacto y producir debilidad, cambios de conducta, somnolencia progresando a desorientación y cuadros confesionales.

 

Una adecuada hidratación también previene la descompensación de enfermedades prevalentes como la diabetes o la hipertensión así que debemos considerar al agua como esencial para mantener la homeostasis o equilibrio de nuestro organismo.

 

¿Qué y cuánto beber a la hora de hidratarnos?

 

La sed es la mejor alarma de que a nuestro organismo le falta agua. El agua segura, bebidas deportivas entre otras, contribuyen a hidratarnos; existen soluciones de rehidratación oral que contienen glucosa y minerales que según cada caso particular pueden ser indicadas por los médicos.

 

Tomar poca agua es tan malo como tomar mucha y en forma desmedida, por ello en gente joven y consciente el mecanismo de la sed es el mejor indicador. No ocurre lo mismo en el caso de los lactantes o ancianos que dependen de terceros quienes son los responsables de asegurarles una hidratación adecuada.

 

Los requerimientos diarios de agua en los niños son muy variables ya que dependen de la edad y el peso. La recomendación general es que se deben consumir mucho líquido todos los días sobre todo en días calurosos y mientras estén realizando ejercicios, incentivándolos a tomar agua cada 15 minutos  mientras estén en actividad.

 

En el adulto se estima entre 30 a 35 ml/Kg/ día, ósea para una persona de 70 kg aproximadamente, libre de enfermedad y en condiciones ambientales normales, serían alrededor de 2 a 2,5 litros diarios, esta cantidad debe superarse en condiciones especiales de enfermedad, altas temperaturas o cuando realizamos ejercicios.

 

Las embarazadas y mujeres en tiempo de lactancia necesitan más de 2 litros por día. Teniendo en cuenta que dos tercios del aumento del peso durante el embarazo es agua, esta condición aumenta el volumen sanguíneo, ayuda a mantener una adecuada cantidad de líquido amniótico y crecimiento del feto , de hecho el huevo fecundado es un 90% de agua y en el embrión llega a un 85%; en el caso de la lactancia si tenemos en cuenta que un 87% a 90% de la composición de la leche es agua resulta obvio la importancia de mantener una ingesta hídrica adecuada si queremos preservar la cantidad y calidad de la leche. Durante el primer trimestre se debe tomar 2 a 2,5 litros por día; durante el segundo y tercer trimestre al igual que en el período de lactancia aproximadamente 3 litros diarios.

 

El golpe de calor

 

El Ministerio de Salud de la Nación lo define como el aumento de la temperatura del cuerpo por una exposición prolongada al sol (insolación clásica) o por hacer ejercicios en ambientes calurosos o con poca ventilación, al punto que el cuerpo pierde agua y sales esenciales para su buen funcionamiento.

Ciertos síntomas dan cuenta de que estamos sufriendo un golpe de calor:

 

·         Sed intensa y sequedad en la boca

·         Temperatura corporal >39º 

·         Sudoración excesiva

·         Sensación de calor sofocante

·         Piel seca

·         Agotamiento o debilidad

·         Mareos o desmayo

·         Dolores de cabeza (sensación de latido u opresión)

·         Estado de confusión

·         Desorientación

 

Para prevenirlo es importante:

 

– Llevar siempre una botella con agua.

– Aun cuando no sienta sed, tomar la mayor cantidad de líquidos posible, sobre todo agua mineral y jugos de fruta fresca.

– Evitar salidas y actividades físicas en las horas de calor (entre las 11 y las 16).

– Procurar estar a la sombra. Usar sombreros o pañuelos y ropa liviana y amplia, de colores claros.

– No consumir bebidas alcohólicas, porque alteran la capacidad de respuesta al calor y favorecen la deshidratación.

– Evite las bebidas con cafeína (café, té, bebidas cola) o muy azucaradas.

 *Asesoró:  Dr. Edgardo García Espina, Jefe de Emergencias de la Clínica Zabala. MN: 93723