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El conflicto es el hábitat de la AFA, desde siempre. Ese mar embravecido que zarandea y atormenta hasta a barcos poderosos, no sólo que no se tranquilizó con la «Comisión Normalizadora» que entró en funciones hace algo más de dos meses, sino que esta semana volvió a agitarse con el paro dispuesto por las categorías del ascenso y el desafío abierto contra Armando Pérez.

El ex gerenciador y después presidente de Belgrano de Córdoba llegó al máximo sillón de Viamonte 1366 en un acto de flagrante contradicción: si Julio Grondona se jactaba de que en épocas de dictadura militar en el único lugar del país que se votaba era en los clubes, y éstos después acordaban la conducción de la AFA, en el año 33 de la democracia recuperada, una intervención volvió a sacudir el escritorio mayor del fútbol argentino.

El mismo Grondona, elegido por sus pares en 1979 y jefe máximo hasta su muerte en 2014, transitó los dos terrenos en su largo mandato: 4 años en dictadura y 31 en democracia. Pero los liderazgos fuertes y polémicos -además de cuestionados- suelen dejar cráteres que se parecen a los abismos. Y lo que sucede hoy en la AFA así lo demuestra.

La ausencia de Grondona se siente en el plano fáctico y el propio César Luis Menotti (fundador de una nueva etapa en la Selección nacional y uno de los dos DT campeones del mundo) lo dijo hace pocos días: «Tenía muchas diferencias con él, pero Grondona entendía su función y era el mejor en lo suyo».

En ese contexto, la puesta en marcha de una intervención solapada con el nombre de Comisión Normalizadora fue una bofetada fuerte en la mejilla de los clubes que conforman la AFA, ya que esas instancias eran de épocas dictatoriales.

De hecho, la Selección Argentina partió a Europa en mayo de 1966 -para afinar su preparación de cara al Mundial de Inglaterra- con un gobierno constitucional (que presidía Arturo Illia) y al momento de empezar la Copa del Mundo, el 11 de julio, en la Argentina gobernaba la dictadura de Juan Carlos Onganía. Que una de las primeras medidas que tomó fue intervenir la AFA de la mano de un histórico dirigente de Banfield, Valentín Suárez.

Mucha agua bajo el puente y muchos cambios se produjeron en el fútbol mundial en las últimas décadas, cambios que -por supuesto- iban a afectar al fútbol argentino, habitual protagonista en las grandes ligas.

Y el cambio sustancial es la TV como principal resorte y eje empresarial del fútbol que llevó a la FIFA a ser una de las principales multinacionales del mundo.

Los negocios del fútbol se entienden a partir de la TV.

La TV cruza el mandato de Grondona cuando la AFA le vende los derechos de televisación a un grupo empresario liderado por Clarín (que recaudaba a través de un plus que pagaba el hincha para ver fútbol por TV), y también cuando se lo quita en 2009 para vendérselos al Estado durante el gobierno de Cristina Kirchner.

Nacía Fútbol para Todos y los fuegos volcánicos del negocio comenzaban a fabricar una lava que aún no explotó.

Tras la muerte de Grondona, varios desenfundaron sus armas de avezados cazadores y salieron a buscar el botín: la plata que genera la TV a través de la publicidad. Estatal o privada, la publicidad se erige en el eje central del reparto de dinero que debe sostener a los clubes. En los meses siguiente, el paquete demostró ser muy pesado como para que Luis Segura -presidente de Argentinos Juniors y hombre del riñón de Grondona- pudiera sostenerlo. La sucesión demolió oficinas y pasillos de la AFA, y aún no se ha resuelto.

¿Y por qué no se ha resuelto aún? Es difícil esgrimir una sola razón, pero la realidad muestra un componente nacional y vernáculo que es imposible ocultar: en un mundo de negocios dominado por presidentes de clubes empresarios, políticos y faranduleros, irrumpió un componente político que pide más plata porque sabe que tiene poder para conseguirla. El mundo del ascenso, con dirigentes formados en el duro conurbano y clubes acostumbrados a batallas extensas y violentas.

El convidado de piedra se llama Claudio Tapia, le dicen «Chiqui», es presidente de Barracas Central (Primera B Metropolitana) y yerno de Hugo Moyano, quien antes de ser presidente de Independiente fue hombre fuerte del sindicalismo argentino durante más de 20 años.

Tapia unificó los deseos del ascenso, es el abanderado del pariente pobre (veáse aparte) y asegura que tiene los votos para ganar si se vota para elegir presidente de la AFA, como marca su estatuto.

Pero no se vota y la solución aparece cada vez más distante. La Comisión Normalizadora tiene plazos largos y se piensa en 2017, pero en realidad todo dependerá de cómo cierre no sólo la cuestión del reparto del dinero que aporta la TV, sino en manos de quién quedará ese negocio.

En el camino quedó, por ahora, la Superliga. Porque el tema central es que en la AFA no hay un presidente que haya sido elegido por sus pares, tras el escándalo de diciembre pasado, cuando el empate en 38 votos dejó en ridículo a los 75 votantes, y una duda para siempre: saber si el voto anómalo le impidió el triunfo a Segura o a Tinelli.

El que está en ese lugar ahora es Armando Pérez, designado por el gobierno tras una ardua negociación con la FIFA, y cuyo endeble poder se debilita cada semana un poco más, ante el embate de la mayoría de los dirigentes.

Ahí es donde aparecen los personajes fuertes de esta etapa, y cuyas peleas no son por cuestiones de camiseta, de copas internacionales o de fechas de los partidos: la pelea es por plata. Allí es donde Daniel Angelici (Boca), Rodolfo D’Onofrio (River), Marcelo Tinelli (vice de San Lorenzo), Víctor Blanco (Racing) y Moyano jugarán sus cartas en una mesa en donde tallan desde los conocidos de siempre de la TV local hasta grupos internacionales como la Turner, que proponen desde innovaciones tecnológicas hasta el nunca resuelto tema de las apuestas electrónicas para el fútbol.

Fútbol para Todos tienen fecha de vencimiento estipulada para enero próximo, aunque ese vencimiento seguramente no alcanzará a su actual titular, el empresario Fernando Marín, designado por el gobierno que encabeza el presidente Mauricio Macri. A la AFA le esperan entonces meses agitados en el final de este año. Entre los cinco grandes la posturas oscilan en sostener la gratuidad del fútbol por TV a separar completamente al Estado del negocio, pero no del fútbol. Porque al Estado lo quieren para que garantice la seguridad, pero que los billetes sean privados.

Detrás del reclamo económico del Ascenso subyace la decisión de dar una de las últimas batallas para evitar que el fútbol argentino replique al de otros países en los cuales con los dedos de una mano se cuentan a los que van a pelear por la corona mientras el resto se conforma sólo con participar. El modelo de las sociedades anónimas que compraron clubes legendarios.

Por eso en estas pampas salieron campeones equipos grandes, pero también chicos y medianos que en las grandes ligas no tienen la menor chance.

Por eso la pasión del hincha genuino reclama y merece otra AFA.

Las cartas están en juego, mientras el hincha abnegado y genuino pide que no sea sólo el azar o la habilidad de los tramposos la que decida el resultado.