“Cuando estoy en cuero vendo más, porque tengo un cuerpo que sobresale de la media”, contó Alvaro Risoglio, un emprendedor de 26 años que importa productos de China y los vende dentro del país.
Álvaro Risoglio tiene 26 años y hace un tiempo lanzó el emprendimiento “Voltra”, que importa productos de China y los vende en Argentina. En los últimos días el joven tomó relevancia mediática ya que contó que limitó la dieta de sus diez trabajadores: amenazó con no pagarles el sueldo a quienes consuman carbohidratos y azúcar dentro del ámbito laboral. Sin embargo, no precisó si la firma les asegura otro tipo de comidas ni detalló de cuánto son los salarios.
A fines de agosto Risoglio fue invitado a Mítico Podcast y contó que en las instalaciones del emprendimiento no hay carbohidratos: “Hay frutas y cosas como esas. Fue una filosofía mía desde el día uno. Nadie se hizo el rebelde ni me lo cuestionó, alguna que otra vez llevaron algo dulce o una rodaja de pan y lo tire a la basura. Yo prohibí el azúcar y la harina, en mi casa tampoco lo tengo y, como vivo en Voltra, no quiero que en la heladera haya eso, listo, punto final. Se hace lo que yo digo. Ellos también quieren estar mejor físicamente. Una persona que era obesa cuando entró, bajó 35 kilos”.
El emprendedor nació en la provincia de Entre Ríos en el año 2000 y, a los siete años, se fue a vivir a Ushuaia con su familia –integrada por sus padres y sus cuatro hermanos–, donde residió hasta los 17. A lo largo de su vida practicó diferentes deportes, algunos de ellos de riesgo. Hoy en día, el joven se jacta de su buen estado físico e incluso participa de competencias de físicoculturismo.
Cuando terminó el secundario, se mudó a la Ciudad de Buenos Aires y, sin saber muy bien qué estudiar, se decidió por la carrera de Criminología. Sin embargo, actualmente considera que ir a la universidad “no le sirvió” y que es “una pérdida de tiempo” y que, si no lo hubiera hecho, actualmente sería “billonario”.
“Cuando terminé la universidad me fui a vivir a Australia. Acá estaba Alberto (Fernández) de presidente y el país estaba bastante podrido, no había luz al final del túnel. Allá tenía laburos mediocres, pero hacía cursos. Tenía un sueldo de mierda, de 2.500 o 3.000 dólares por mes más o menos, una basura… eso se gana en una mañana acá con un buen negocio”, dijo Risoglio.
Cuando regresó a Argentina hizo algunas “changuitas” y, hace un año y medio, montó Voltra, una marca que se dedica a importar productos de China, los cuales son ofrecidos y distribuidos en Argentina a través de una página web. Entre el catálogo de la firma se pueden encontrar aspiradoras, afeitadoras, hidrolavadoras, auriculares, micrófonos y grabadoras.
“Hoy en día puede importar cualquiera”, dijo el emprendedor, quien además aseguró que el actual presidente Javier Milei es “un gran marketinero” y se mostró esperanzado con un triunfo de La Libertad Avanza (LLA) el año que viene. Sin embargo, reconoció que en el año y medio que lleva transitando el camino importador, cometió “muchas equivocaciones”.
En Voltra actualmente trabajan diez personas. “Tengo un equipo tremendo, si bien tienen mucho por mejorar. Yo hago el trabajo mejor que cada uno de ellos, sé todo lo que hay que hacer en el negocio. Me cuesta delegar, estoy todo el día encima”, dijo el joven, quien, además, confesó: “Mi mamá desde chiquito me decía que soy muy egocéntrico”.
“Tengo mucho ego, una autoestima muy alta. Yo lo veo a (el creador de Mercado Libre, Marcos) Galperín y me arrodillo. Sé que puedo hacer lo mismo que él, soy capaz. Estoy constantemente comparándose con los mejores. Si te paso por un pelo, me olvido de vos”, manifestó, al tiempo que reconoció que en su mundo la palabra fiaca está “prohibida”.
“El dinero me mueve, pero no es todo para mí. Invierto mucho (hasta 150.000 dólares al mes) en pauta publicitaria y sé que soy capaz de ser billonario, pero a mí me gusta el poder, no solo la plata. No me gusta que pueda venir un ministerio a tocarme la puesta y decirme que me van a inspeccionar, tengo ganas de preguntarle si saben con quién están hablando. A mí me mueve el poder”, expresó el empresario, quien, a lo largo del podcast, manifestó en reiteradas oportunidades que tiene “problemas legales”.
En cuanto al mecanismo de venta, detalló: “Viajo a China, elijo el producto, le pongo mi nombre, lo mando por barco o avión y, una vez en Argentina, lo despacho a los domicilios de los clientes”. También reconoció que algunos fabricantes asiáticos le pagan el hotel y los pasajes aéreos.
“Tengo club de fans en las fábricas que visito”, detalló el joven, quien, además, explicó por qué hace algunas publicidades sin remera: “Cuando estoy en cuero vendo más, porque tengo un cuerpo que sobresale de la media”.
Por último, Risoglio se definió como una “buena persona”: “Quiero ayudar a toda la gente que pueda. Soy muy generoso”.
