Dolly y Silvia Viale eran parteras y están imputadas en una causa en la que investigan decenas de casos de venta de bebés entre 1968 y 1980 en Rosario.
“Era un supermercado de bebés. En mi caso, el pedido que le habían hecho a Dolly, la partera del Hospital Roque Sáenz Peña de Rosario, era que querían un chico rubiecito. Por eso, mi entrega tardó un poco más, hasta que ella llamó a quienes serían luego mis padres y me entregó. Me fueron a buscar a su casa y me escondieron en el baúl del auto. En 1978, en plena dictadura, había un retén de los militares en el cruce Alberdi y mi madre adoptiva me dijo que ellos rogaban que yo no llorara”, relató al diario La Nación Roberto Fargioni, de 48 años, que vive actualmente en Pinamar y fue quien, según se define, se transformó en un “buscador” de su propia identidad y de una historia que tiene a la partera Dolly Viale de Garrido, de 88 años, como imputada en una causa en la que investigan decenas de casos de venta de bebés entre 1968 y 1980 en esta ciudad.
Dolly lo hacía por dinero y, después de que Roberto publicara su historia en Facebook, comenzaron a aparecer otros relatos parecidos, entre ellos, el de la propia hija de la partera, Silvina Garrido. Ella conoce ese fragmento de la historia desde la intimidad de la casa donde, según denuncia, se realizaban las entregas de recién nacidos. Según Silvina, “el valor de un bebé era en ese momento el de un departamento de un dormitorio”.
La fiscal Federal Soledad García investiga siete casos, pero hay muchos más bajo análisis, a partir de testimonios de personas que se fueron incorporando a un grupo de WhatsApp que creó Roberto Fargioni, incluso de personas que viven fuera de Rosario. La partera de 88 años fue imputada por supresión y alteración de identidad, aunque también se avanza para determinar si existió un sistema organizado para sustraer bebés de sus madres biológicas y luego venderlos. También podría haber más personas involucradas, entre ellas médicos que trabajaban en aquel momento en el hospital, destacó el artículo del periodista Germán de los Santos publicado en el diario La Nación.
Aunque estos hechos ocurrieron durante la última dictadura militar, no existen indicios, al menos hasta ahora, de que las víctimas fueran hijos de desaparecidos, como ocurrió en otras causas. La principal hipótesis apunta a una red de venta de bebés a cambio de dinero.
Las dudas de Roberto Fargioni tardaron 36 años en disiparse y transformarse en una certeza: que había sido vendido en 1978, después del Mundial. Sesiones de terapia Gestalt terminaron de convencerlo de que debía buscar algo objetivo que confirmara o desechara sus sospechas.
En diciembre de 2014 recibió los resultados de las tres muestras de ADN: la de Nelly, la de Roberto y la suya. Como estaba cerca el festejo de Navidad y Año Nuevo, prefirió esperar para comunicarles que él no era su hijo biológico, algo que ellos, por supuesto, ya sabían.
Había algo que a Roberto le daba vueltas en la cabeza sobre cómo había llegado a la vida de sus padres. “De golpe, Nélida y Roberto, dueños de la heladería Robynel, tenían un bebé, por lo cual muchas personas del barrio, madres de amigos, mis tíos y mis primos seguramente conocen esta parte de mi historia”, escribió en su perfil de Facebook.
Según contó Roberto al diario La Nación, fue su madre quien le reveló la verdadera historia. Su padre siempre lo negó. Ambos fallecieron: Nelly en 2016 y Roberto tres años más tarde.
Su madre le contó que había quedado embarazada muy joven, a los 20 años, y que su marido la obligó a practicarse un aborto. “No estaban bien económicamente y mi padre tenía el recuerdo de pertenecer a una familia numerosa y de pasarla mal. Hubo complicaciones en el aborto y mi madre no pudo tener más hijos”, explicó Roberto.
Según relató, tras el campeonato mundial de fútbol sus padres se entusiasmaron con tener un bebé, pero querían comprarlo. Primero contactaron a una partera del barrio de Arroyito. “Ellos buscaban un niño rubiecito y esta mujer no tenía, por lo que le recomendó que se contactaran con Dolly”, apuntó.
De dónde obtenía los bebés la partera sigue siendo materia de investigación. La principal sospecha es que provinieran de mujeres que daban a luz en el hospital. Sin embargo, la propia hija de Dolly aportó otra pista.
Silvina Garrido también fue apropiada. Tiene 56 años y fue quien denunció a su propia madre de crianza. En diálogo con el diario La Nación,, aseguró que tanto Dolly como otras parteras de la zona sur de Santa Fe, que formaban una especie de sociedad informal, publicaban avisos clasificados en el diario La Capital de Rosario en los que ofrecían trabajo, hospedaje y comida para jóvenes embarazadas.
“Esas chicas trabajaban en mi casa hasta que parían y después no las veía más. Se iba una y llegaba otra”, sostuvo.
“Fue hasta mi cuarto y me dijo: ‘Yo no te tuve en mi panza, pero te tengo en mi corazón’. No sé si tiene corazón esta señora”, relató una de las principales denunciantes, que además aportó contexto a esa parte de la historia.
“Eso ocurrió en 1983, con el retorno de la democracia, y ella creía que iba a perder la protección de los militares, porque era la que asistía a las detenidas en el Batallón 121 durante los partos. Ella contaba con protección. Pero la venta de bebés era algo que hacía aparte, de manera particular”, explicó.
Silvina sospecha que Dolly se apropió de ella por sus rasgos físicos y el color de su cabello. Ambas son rubias y ella tiene ojos azules. Silvia Viale, quien fue su tía durante años, hermana de Dolly, también era partera y está imputada en la causa. Silvina advirtió que su abuela Leonor, la mamá de Dolly y de Silvia, también estaba involucrada. Era quien, según ella, coordinaba la labor ilegal de sus hijas. Por eso, antes de morir, le dijo a Silvina —en ese momento ella tenía 15 años— que iban a viajar a Estados Unidos. Cuatro décadas después, ella interpreta que temían que estos casos de apropiación y venta de bebés se empezaran a conocer y querían huir de manera preventiva, pero la mujer, que decía ser su abuela, murió cinco meses después.
“Había gente que nos decía: ‘Qué parecidas que son’, y Dolly respondía: ‘Si la llevé en mi propio vientre’. Decía eso y yo ya sabía que no era mi madre”, recordó Silvina.
En la familia donde se crió Silvina había muchos secretos que no podían romperse. Era una especie de pacto de silencio muy sólido, fortalecido por el paso del tiempo.
Recién a los 24 años pudo irse de su casa y comenzar un camino nuevo, aunque el peso de su propia historia la acompañó siempre. Hace algunos años logró encontrar en internet a personas que estaban recorriendo el mismo camino. Se cruzó con Roberto, cuyo periplo era similar, y con otras personas que intentaban reconstruir su verdadera identidad.
Roberto Fargioni fue el primero en presentar una denuncia en el Ministerio Público de la Acusación de Santa Fe, en 2023. Tras varias discusiones sobre la jurisdicción, le indicaron que debía recurrir a la Justicia Federal, consignó el artículo del periodista Germán de los Santos publicado en el diario La Nación.
Su caso recayó en abril de 2024 en el juzgado del entonces juez federal Marcelo Bailaque, quien renunció en junio de 2025 y actualmente cumple prisión domiciliaria acusado de hechos de corrupción. La causa, como tantas otras, permaneció paralizada durante meses. Es posible que termine unificándose con la investigación impulsada por Silvina Garrido. De hecho, quienes originalmente iban a declarar como testigos en el expediente iniciado por Roberto terminaron convirtiéndose en denunciantes.
En paralelo, Silvina inició otra presentación ya bajo el nuevo sistema procesal penal acusatorio, en el que los expedientes se tramitan de manera oral. La fiscal Soledad García le dio impulso a la causa, que derivó en un allanamiento de la vivienda de Dolly Viale de Garrido en febrero de este año.
La semana pasada se formalizó la imputación contra esta mujer por supresión y alteración de la identidad de Silvina Garrido, aunque la fiscalía también investiga otros siete casos ocurridos entre 1968 y 1980.
Hasta ahora aparecieron unas 30 personas con sospechas de haber sido vendidas cuando eran bebés, pero, según Silvina, podrían surgir muchas más.
“Como el comprador también puede ser imputado, hay muchas personas que tienen a sus padres apropiadores vivos y no quieren denunciar para evitar que vayan presos o sean condenados”, señaló.
Los “buscadores” se agruparon en una red llamada El Cardumen
“Hasta que entendimos que juntos éramos más fuertes. Uno se mueve y los demás acompañan. El cardumen se mueve como si fuera un solo organismo, sin un líder único visible, respondiendo de manera instantánea a los movimientos del compañero que tiene al lado. Nos enseña que estamos conectados a una red invisible y que nuestras acciones individuales también afectan al colectivo de buscadores de identidad biológica”, escribieron quienes participan de este grupo.
Según la fiscal Soledad García, Dolly Viale de Garrido “se negó hasta ahora a declarar”.
La historia sigue encerrada en el silencio de esta mujer, acusada de participar en la venta de bebés. Pero, a pesar del paso del tiempo, un grupo de víctimas logró empezar a romper un pacto que, según sostienen, permaneció intacto durante más de medio siglo.
El martes próximo será un día clave en esta causa. Se va realizar una audiencia de revisión para determinar si hay prescripción del delito por el paso del tiempo, como pretende la defensa de Dolly. Hasta ahora ese planteo fue rechazado sobre la base de que, al no recuperar la identidad, la apropiación continúa.
