Imagen de archivo de un tramo del Arroyo Las Conchas.
Jorge Oscar Daneri
Presente de ciencia ficción, sentencias judiciales de ámbitos superiores, decisiones que niegan el espíritu de los principios ambientales constitucionales más elementales y a la vez, principios que no dejan, para nada ni nadie, de ser esperanzadores.
Ellos, los principios negados, se encuentran en los artículos 83, 84, 85 y 86 de la constitución provincial. Conforman un sistema amoroso que se va como enraizando en la tierra que sobrevive entre los ríos. Dice que el acceso al agua saludable, potable y su saneamiento es un derecho humano fundamental y no se la puede privatizar. Pero resulta que esta apropiada por los agrotóxicos y el poder enfermo que degrada la democracia y la república.
El principio precautorio dialoga con el preventivo abrazando al de progresividad para cuidar de los niños por venir. Equidad intergeneracional le dicen los que más saben. “Establece medidas preventivas y precautorias del daño ambiental,” sentencia el artículo 83 consolidando de manera inapelable y operativa los dos principios vitales.
Estas normas nacieron desde un diálogo de saberes milenario que las convenciones internacionales ambientales y de derechos humanos fueron adoptando y que esculpieron el alma de los constituyentes que casi por unanimidad le dieron el arte de la narración precisa, incluso con destellos de belleza (reforma constitucional de Entre Ríos, 2008).
Pero. la simple claridad y belleza de la norma de los principios constitucionales, es oscurecida por la arrogancia del poder enfermo. La simplificación de los ecosistemas junto a la exclusión de campesinos, productores pequeños, es la demostración más inapelable de un modelo productivo arrogante que no tiene códigos, ni límites, no respeta ni la propia tierra del ser-habitar y ahora, más que nunca con sus representantes privatizadores nacionales y provinciales, de absolutamente todo, impulsan una política desarticuladora de las soberanías de tierras, semillas, cuencas y sus aguas.
La escala humana todo lo dice, es el grito de la tierra, el grito de los pobres de Leonardo Boff. Es la escala que denuncia la cuenca de “Las Conchas”, arroyo de Entre Ríos que gracias a su Comité de Cuenca dicta sentencia real, dolorosamente precisa e inapelable, corre el velo de las miserias humanas, muestra la luminosidad de un cuerpo de científicos leales para con la vida, exponiendo desde la conversación valiente las desarticulación caótica de la inoperancia interjurisdiccional y los resultados catastróficos del modelo extractivista de la mano de los agrotóxicos, como la falta de ordenamiento ambiental de los territorios hacia una transición agroecológica progresiva y urgente. Destrucción de las autonomías municipales por inexistencia de democracia ambiental de cuenca en la construcción de decisiones radicales para cambiar estos escenarios depredadores.
Una niña de 12 años de Aldea Salto (Departamento Diamante, Entre Ríos) por medio de su familia y representantes legales, exponen -con una dignidad que desarticula miedos, especulaciones o adaptación a más de lo mismo- frente al poder judicial, buscando que el espíritu constituyente detenga la injusticia y el dolor provocado en cientos sino miles de maestros, familias, comunidades rurales.
El resumen se encuentra narrado en la textura triste de “Las Conchas”, su poca agua llora al encontrarse con el Paraná, lo que sí prueba con su cuerpo de casi no agua, brutalmente contaminado.
El Superior Tribunal de Justicia de Entre Ríos tiene todas las herramientas que la ley General de Ambiente le concede al juez. Es un amplio espectro de actuación para que pueda desplegar todo su poder y garantizar el goce del derecho deber del cuidado del ambiente y los seres humanos (Ley 25675, art. 32 y 33). Necesitamos jueces capaces de comprometerse socialmente, desprovistos de posiciones políticas coyunturales o egoísmos personales, neutrales pero activos, que acompañen la protección de los derechos colectivos frente a la urgencia del trámite que el acceso a la justicia ambiental intenta lograr en protección de los territorios, sus ecosistemas, pero vitalmente el cuidado extremo que las niñas y niños nos exigen.
Quizás, como existe justicia de tiempos pasados que muestran caminos futuros, no olvidamos Sentencias esperanzadoras como la del señor vocal de Cámara, Virgilio Alejandro Galanti, que, en un desarrollo fundado de los principios constitucionales precedentemente expuestos, trasmite un concierto de flautas nativas desde el corazón de la selva en galería de los ríos y arroyos nuestros (1). En esas notas como de agua, quedan aún gotas de esperanza para las juventudes políticas y activistas sociales y así, para la niña agua.
Eise Osman, poeta del Gualeguay, enseña: “En el río del tiempo hay quienes buscan oro y dejan escapar el agua, que es la vida” (2004. En la arena del tiempo. Aforismos. Buenos Aires. Ed Lumen, Pág. 17).
En Entre Ríos y Argentina, se considera a la soja y otras arenas, como oro. La sentencia social, va a llegar, no existe duda alguna. Esta tendencia es realmente desoladora, ecocida.
Finalizando, presente ahora y aquí Eduardo Galeano desde “El cazador de historias” (2).
“Semillas de identidad.
A mediados del año 2011, más de cincuenta organizaciones de Perú se reunieron en defensa de las 3.250 variedades de papas. Esa diversidad, herencia de 8.000 años de cultura campesina, está hoy por hoy amenazada de muerte por la invasión de los transgénicos, el poder de los monopolios y la uniformidad de los cultivos.
Paradójico mundo es este mundo que en nombre de la libertad te invita a elegir entre lo mismo y lo mismo, en la mesa o en la tele”.
Los seres que aquí buscan justicia, niña y comunidad, eligen la libertad de la madre tierra, a ella representan, las aguas, semilla y diversidad.
Referencias
1) Causa “Foro ecologista de Paraná y Otro c/ Superior Gobierno de la Provincia de Entre Ríos s/ acción de amparo. Expte. N° 9850”.
2) Galeano Eduardo (2016) “El Cazador de Historias”. Madrid. Ed. Siglo XXI. Pág. 63.
(*) Jorge Daneri es miembro de la Asociación Argentina de Abogadas/dos Ambientalistas y del Colectivo de Acción por la Justica Ecosocial. (CAJE). Unidad de Vinculación Ecologista, Fundación La Hendija. Paraná, Entre Ríos.
