La búsqueda de los Gill, la familia cuyo rastro se perdió para siempre en el verano de 2002 en Entre Ríos, se retomará en los próximos días con una nueva excavación que se hará en el campo La Candelaria, ubicada en Crucesitas Séptima, departamento Nogoyá. De esa pesquisa participará, como la última vez, el lunes 17, el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF).

El dato de un vecino fue el puntapie inicial para el nuevo rastrillaje. Esa pista, de momento, no se ha agotado, según dijo a Entre Ríos Ahora el juez de la causa, el titular del Juzgado de Garantías de Nogoyá, Gustavo Acosta. «El Equipo de Antropología Forense va a seguir participando mientras haya excavaciones para realizar. No sé si va a ser la última. Lo que sí sé es que va a ser una excavación para agotar el último dato que nos dio un testigo. Si la semana que viene, el mes que viene nos aparece otro testigo con otro dato y esa información conduce a otra excavación, el Equipo de Antropología seguirá participando», aseveró el magistrado.

La familia Gill vivía en la estancia La Candelaria, en Crucesitas Séptima, departamento Nogoyá. El 13 de enero de 2002 se lo vio por última vez a Rubén ‘Mencho’ Gill, quien tenía 56 años, el jefe de la familia; a su mujer Norma Margarita Gallego (26) y a sus hijos María Ofelia (12), Osvaldo José (9), Sofía Margarita (6) y Carlos Daniel (3). Lo último que se supo fue que habían emprendido un viaje corto -de unos 30 kilómetros- hasta la ciudad de Viale, donde estuvieron en un velorio.

Desde entonces, el expediente judicial ha estado rodeado por preguntas. En una primera instancia, la lupa judicial se posó sobre Alfonso Francisco Goette, propietario del campo donde vivía la familia Gill. Sin embargo, cualquier información que pudo haber tenido se perdió la noche del jueves 16 de junio de 2016, cuando el hombre murió en un siniestro vial.

A 20 años de la desaparición de la familia Gill, la búsqueda de los Gill ha requerido de los servicios del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), organización fundada en 1984 y de reconocimiento nacional e internacional.

Sus investigaciones han sido clave en la búsqueda y recuperación de los cuerpos de desaparecidos durante la última dictadura cívico militar del país y también en la identificación de soldados desconocidos enterrados como NN en el cementerio de Darwin, en las Islas Malvinas, que yacían allí bajo una lápida que decía «Soldado argentino sólo conocido por Dios»; entre otros trabajos internacionales, entre los años 1995 y 1997, el EAAF viajó a Bolivia para la búsqueda, el hallazgo y la identificación de los restos de Ernesto ‘Che’ Guevara.

El antropólogo Juan Nóbile, del EAAF,  llegó a Crucesitas por primera vez en marzo de 2019, para llevar adelante el rastrillaje a partir del dato que aportó un vecino de la zona. Con la pesquisa que concretaron el lunes 17 de este mes en La Candelaria, ya se contabilizan 7 visitas.

Cabe recordar que el Ministerio de Seguridad de la Nación ofreció una recompensa de $1,5 millón de pesos por datos que puedan dar con el paradero de cada uno de los integrantes de la familia desaparecida, que son 6, lo que totaliza $9 millones por todo el grupo familiar.

En paralelo,  María Delia Gallego, madre de Margarita y abuela de los chicos desaparecidos, quiere viajar a  Rosario, a hablar con el padre Ignacio Peries, de la parroquia Natividad del Señor, un sacerdote que tiene amplia fama de sanador pero que también suele ser demandado para desentrañar misterios varios. En este caso, podría correr el velo de la duda y contar si efectivamente es real el dato que aportó un testigo. «La causa avanza, pero va todo lento. Ahora, queremos ir a Rosario para ver al padre Ignacio para preguntarle sobre ese dato que dio una persona que vio a Goette tapar un pozo en el campo. Queremos confirmar eso o que nos diga dónde buscar», dijo días atrás María Delia.

La última pista que sigue la Justicia la aportó un contratista rural que conoció en vida a Rubén Gill. En febrero de 2018, el juez de Garantías de Nogoyá, Gustavo Acosta, que ahora tiene la causa, caratulada “averiguación de paradero”, encabezó un operativo en la estancia La Candelaria, en Crucesitas Séptima. Fue a partir de los datos aportados por Armando Nanni, un testigo que apareció tras la muerte del dueño del campo, Francisco Goette, en 2016, y que está convencido de que los Gill están muertos y enterados en el mismo lugar adonde vivieron, la estancia de Crucesitas Séptima.

En octubre de 2017 hubo un allanamiento a la estancia, y Nanni marcó dos lugares posibles. La Justicia contrató a una empresa especializada en excavaciones, que el 5 de febrero de 2018 comenzó la tarea, pero al final de varios días de faena no encontró sino restos de animales muertos.

“Quito” Villanueva, que vive frente a La Candelaria, propiedad de Alfonso Francisco Goette, cree haber visto al “Mencho” Gill cruzando a caballo el lunes 14 de enero de 2002, y eso contó en la Justicia de Nogoyá. La declaración de Villanueva es otro dato clave: es el último que vio a Gill con vida.

El propietario de la estancia La Candelaria y patrón de los Gill, Alfonso Francisco Goette, murió en un accidente de tránsito. Fue la noche del jueves 16 de junio de 2016. Una mala maniobra provocó la salida de la ruta, el despiste y el vuelco de la camioneta Nissan Frontera que conducía el hombre, entonces de 70 años. Las heridas producidas en aquel vuelco, ocurrido en la intersección de las rutas 32 y 35, lo llevaron a la muerte.

La muerte de Goette produjo un giro inesperado en la causa. Armando Nanni, un contratista rural de Tabossi, que supo realizar trabajos de siembra en el campo de Goette, y que conocía a “Mencho” Gill, se animó entonces a hablar.

Nanni no había querido hablar antes por “miedo” a Goette. Pero con Goette muerto, acudió a los Tribunales de Nogoyá, y habló con el magistrado a cargo de la causa, el titular del Juzgado de Transición, Gustavo Acosta.

Y dio un dato: que los Gill no se fueron de viaje ni están en otra provincia sino que podrían estar en el mismo lugar donde siempre, la estancia La Candelaria. Muertos. Y enterrados.

Y aportó una pista que aportó a la Justicia: que veinte días antes de que desapareciera la familia, en el verano de 2012, “Mencho” Gill cavó dos pozos, uno en el lecho de un arroyo que entonces estaba seco.

Análisis.com