El crecimiento de la laguna causó cuantiosos daños en instalaciones del Club Náutico Melincué y en el predio del complejo La Fábrica Bailable

En rigor, La Fábrica Bailable quedó inutilizado desde el pasado 15 de enero. Sus dueños son una familia de Elortondo que se inició con una cantina en esa localidad a fines de los 90 y que ampliaron su negocio al reinstalar una sucursal en Melincué en la que cabe cinco veces más gente que en el local original y que asiste a destacados espectáculos de música tropical o cuartetera.

A raíz de la inundación desde principios de año desapareció un natatorio de 52 metros de largo por 15 metros de ancho, cabañas con capacidad para alojar a 50 personas, un escenario gigante, un bar de 14 por seis metros, un quincho, canchas de fútbol, básquet, vóley, zona de carpas, parrillero para más de 300 personas, estacionamiento y bajada de lanchas.

La familia De Mayo —integrada por Mónica Pinco y sus hijos Guido y Mariano— declaró: «Estamos poniendo palos y alambres para sostener las construcciones. Pedí un crédito para que me manden piedras. Esperamos que no se desmorone el escenario, pero la inundación está haciendo estragos».

En el programa En La Tecla, que se emite en la TV venadense, la mujer dijo: «Sólo nos queda esperar que la naturaleza sea benévola y que el agua se vaya sola para ver qué se puede recuperar. Siempre soy positiva y conservo el optimismo. Pero este lugar era una preciosura en su momento y hoy no sabemos qué va a quedar en pie. Lo único que pido es que los políticos se pongan en marcha. Que se dejen de reuniones y consultas de leyes», enfatizó.

Por su parte uno de sus hijos, Guido De Mayo, contó que hace 10 años decidieron construir el camping de La Fábrica Bailable y que les «aseguraron que se habían hecho obras para que no quedara en una zona inundable, pero a la luz de los hechos, no fue así».

«El pasado 15 de enero fue la primera inundación. Si bien llovió mucho, acá hubo una desidia terrible por parte de las autoridades. Hace cinco años que nos venimos inundando. Venía creciendo la laguna y no hicieron nada», resaltó De Mayo.

En tono pesimista señaló respecto a la empresa familiar que «el agua se llevó todo. Son 10 años de inversión y trabajo perdidos. Acá se trabajaba en verano con el balneario y en invierno con la pesca. Generábamos trabajo para el pueblo y los comercios. Pero hoy Melincué, por todo lo que está pasando, se encuentra muerto. Es una aldea. Esto nos perjudica a todos».

Náutico

A pocos kilómetros del camping La Fábrica Bailable se encuentra el Club Náutico Melincué. Allí también se produjo el anegamiento del predio, y «el agua llegó hasta dónde nunca antes había llegado», graficó en Facebook el presidente de esa entidad, Daniel Gallisso, titular además de la comisión del hospital Samco la localidad del sur santafesino.

Allí funciona un embarcadero y una guardería de lanchas, botes y yates. En los años 80 funcionaba a pleno y los fines de semana se congregaban multitudes como en balneario vecino Los Flamencos. Este último y ambicioso emprendimiento privado funcionó muy bien durante varios años pero en las inundaciones de principios de 2000 hicieron que el camping tuviera que cerrar.

En cambio, el club se mantuvo austeramente, pero no como balneario sino para uso de los pescadores deportivos de pejerreyes, que de allí partían laguna adentro y la comisión directiva de la entidad les cobraba una determinada suma de dinero para embarcarlos.

En el club Náutico el agua ingresó y llegó hasta las puertas de la proveeduría, anegando gran parte del parque. «En enero, fue La Fábrica; hace pocos días, el pueblo», dijo Gallisso, a lo que Pinco, de La Fábrica, replicó: «Mi camping está peor, si te sirve de consuelo, pero parece que todos los que hablaron de Melincué turístico ahora sólo piensan en amurallar al pueblo».

Luego la empresaria se interrogó: «¿Alguien me puede explicar por qué no se hace el canal? Es la única solución para Melincué. No es tanta plata ni para la provincia ni para la Nación. No entiendo por qué se dilata tanto tiempo la solución».

La fÁbrica bailable. Un emprendimiento familiar inutilizado por la crecida, y que es de difícil recuperación.