El 28 de diciembre se celebra el Día de los Santos Inocentes, conmemoración de un episodio hagiográfico del cristianismo: la matanza de los niños menores de dos años nacidos en Belén (Judea), ordenada por el rey Herodes con el fin de deshacerse del recién nacido Jesús de Nazaret. Pese a relacionarse con este trágico momento de la historia, en algunos lugares del mundo, con el correr de los años se ha transformado en el día elegido para hacer bromas.

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Cada 28 de diciembre la iglesia recuerda la matanza que ordenó el rey Herodes el Grande en Belén para acabar con todos los niños menores de dos años y liquidar al futuro rey de Israel, designación del Cristo, que él concebía como un competidor político.

No se sabe de verdad cuántos fueron los inocentes que perecieron por orden de Herodes, pero la tradición dice que unos 30 niños menores de dos años murieron a manos de los soldados romanos.

El rey Herodes los mandó a matar en un intento desesperado por asesinar al mesías, al verse burlado por los magos que habían venido para saludar al recién nacido que sería el nuevo rey de los judíos.

Los magos le indicarían a Herodes en qué lugar exacto estaba el mesías. Pero, sospechando del rey, según el relato evangélico, los magos se volvieron a sus tierras por otro camino. Herodes, que era un asesino maníaco, lleno de furia mandó a matar a todos los niños menores de dos años de Belén y sus alrededores. El pueblo ha transformado este día también en el elegido para hacer “bromas inocentes”.