«Es alucinante, espectacular, aún sigo anonadado. Esto es ciencia-ficción». Diego González Rivas, acostumbrado a realizar cirugías imposibles, apenas puede contener el entusiasmo ante el nuevo hito que acaba de protagonizar y que muy probablemente entrará en la historia de la medicina: la primera operación de cáncer de pulmón transoceánica realizada a un paciente que se encontraba a 8.000 kilómetros de distancia. Fue también la primera cirugía robótica de cualquier especialidad realizada a distancia y mediante una única incisión de tres centímetros. Lo nunca visto. «Es el comienzo de una revolución en nuestra especialidad», asegura.

El cirujano gallego manejaba desde una consola en el hospital universitario de la ciudad china de Suzhou el brazo del robot uniportal Shurui, con el que se extirpó por un único orificio el lóbulo superior derecho de una paciente con cáncer de pulmón que se encontraba en el Memorial Oncological Hospital de Bucarest. La intervención se llevó a cabo mediante una conexión 5G que permitió sincronizar prácticamente en tiempo real los movimientos de la consola con los brazos del robot. No existió prácticamente retardo. Apenas de 0,125 segundos.

«Todo salió perfecto. No hubo ningún contratiempo. Cero problemas. Fue realmente impresionante, porque estábamos practicando una cirugía compleja, un cáncer de pulmón, como si yo estuviera en el quirófano. Veía los brazos del robot en Bucarest desde la pantalla en China como si yo estuviera allí», relata en una conversación telefónica desde China. Aún no da crédito a lo que acababa de protagonizar. «Fue realmente impresionante -insiste- porque estaba hablando con mi colega de Bucarest como si estuviera allí mismo. No existía prácticamente ningún retardo. Fue algo impactante, ciencia-ficción».

 

Todo salió perfecto porque fue una operación planificada con antelación en la que dos equipos de ingenieros, uno en Rumanía y otro en China, planificaron los detalles durante meses para que no existiera ningún fallo en la conexión. Por si fallaba algo prepararon varios planes alternativos por si surgía algún contratiempo. Pero no lo hubo.

 

Consciente de que se trataba de un momento histórico, González Rivas también planificó la operación con sumo cuidado. Si en una cirugía robótica uniportal convencional emplea poco más de media hora, en este caso dedicó dos horas a la intervención. «Hice la cirugía súper lenta, con una precisión absoluto y todo muy medido para que no fallara nada», explica. La paciente, una mujer de mediana edad, fue intervenida en la tarde del martes y este jueves será dada de alta.

Los preparativos, al margen de los condicionantes técnicos, tampoco fueron fáciles y fue necesario implicar a los gobiernos de los dos países. El robot uniportal Shirui, el primero del mundo concebido específicamente para realizar operaciones por una única incisión, la técnica que creó el cirujano gallego, solo tiene, de momento, autorización para ser empleado en China, por lo que fue necesario pedir un permiso especial para hacerlo en Europa.

 

En principio, la operación se iba a realizar el pasado sábado, pero los trámites se retrasaron. «Este martes, de forma inesperada, recibimos la autorización y ya lo hicimos de inmediato», detalla González Rivas, que no duda que la cirugía a distancia «va a ser el futuro». «Lo que hicimos -dice- fue algo histórico, pero es solo el comienzo, porque hemos demostrado que la cirugía robótica pulmonar se puede hacer a distancia. Dentro de diez años años este tipo de operaciones van a ser muy frecuentes, porque permitirá que los mejores especialistas de cada especialidad puedan operar a distancia a pacientes en cualquier lugar del mundo», indica.

Esta no es la primera operación transcontinental. La primera fue una cirugía de próstata que el pasado año realizó el médico chino Zhang Xu, jefe de Urología del Hospital General del Ejército Popular de Liberación en China, quien operó desde Roma a un paciente que se encontraba en China usando una consola quirúrgica que le mostraba al enfermo en tiempo real. Esta intervención, sin embargo, es mucho menos compleja que una intervención de pulmón y mucho menos aún si se tiene en cuenta que la que se acaba de practicar se realizó con un robot y por un único puerto. Es decir, con el brazo robótico penetrando como una serpiente por un orificio de apenas tres centímetros. «La intervención que acabamos de realizar es mucho más compleja», resalta Diego González Rivas, que celebró con todo el equipo del hospital de Suzhou.