El debate sobre la actualización de la Ley Nacional de Salud Mental volvió a instalarse en la agenda médica y científica. (Foto: Adobe Stock)
El debate sobre la actualización de la Ley Nacional de Salud Mental volvió a instalarse en la agenda médica y científica. (Foto: Adobe Stock)

Hay sufrimientos que no siempre se ven. La depresión severa, las psicosis agudas, las adicciones o las demencias forman parte de problemáticas que afectan a miles de personas y familias en todo el país. Sin embargo, muchas veces el acceso a la atención adecuada llega tarde o se encuentra con obstáculos dentro del sistema de salud.

En ese contexto, el debate sobre la actualización de la Ley Nacional de Salud Mental volvió a instalarse en la agenda médica y científica. La discusión no solo apunta a cuestiones legales, sino también a cómo garantizar una atención oportuna, interdisciplinaria y basada en evidencia.

Una ley que impulsó derechos, pero enfrenta nuevos desafíos

La Ley Nacional de Salud Mental 26.657 fue sancionada en 2010 y representó un cambio importante en la incorporación de una mirada centrada en los derechos humanos y en la atención comunitaria. Sin embargo, distintos especialistas sostienen que el escenario actual plantea desafíos que no estaban contemplados hace quince años.

La Ley Nacional de Salud Mental 26.657 fue sancionada en 2010 (Foto: Adobe Stock)
La Ley Nacional de Salud Mental 26.657 fue sancionada en 2010 (Foto: Adobe Stock)

La pandemia dejó además un escenario más complejo: aumentaron los cuadros de ansiedad, depresión, consumos problemáticos y trastornos neurocognitivos, mientras muchas familias continúan encontrando dificultades para acceder a tratamientos sostenidos y atención especializada.

Uno de los cuestionamientos más frecuentes a la normativa actual es que, en determinados casos graves, los tiempos burocráticos y las exigencias legales pueden retrasar intervenciones necesarias. En la práctica, muchos profesionales describen situaciones donde las urgencias psiquiátricas quedan atrapadas entre formalidades y falta de recursos.

Qué cambios propone la reforma

Entre las modificaciones que se discuten aparecen cambios vinculados al diagnóstico, la atención de urgencias y el seguimiento de los pacientes luego del alta.

Uno de los puntos centrales es reemplazar el término “padecimiento mental” por “afecciones o trastornos de salud mental”, en línea con criterios internacionales y con clasificaciones médicas utilizadas actualmente.

Además, se propone:

  • Evaluar antecedentes y evolución clínica para prevenir crisis graves
  • Facilitar intervenciones de urgencia en guardias y zonas rurales
  • Garantizar la presencia de psiquiatras en equipos interdisciplinarios
  • Fortalecer el seguimiento posterior al alta
  • Integrar hospitales especializados y dispositivos comunitarios

La intención es avanzar hacia un sistema más flexible y realista, capaz de responder a las necesidades concretas de pacientes y familias sin abandonar el enfoque de derechos.

Humanismo científico: integrar derechos y atención

Uno de los conceptos que atraviesa la discusión es el del “humanismo científico”, una mirada que busca evitar falsas oposiciones entre derechos humanos y tratamiento médico.

Desde esta perspectiva, reconocer una enfermedad mental, diagnosticarla adecuadamente y ofrecer tratamientos basados en evidencia no implica estigmatizar, sino justamente ampliar las posibilidades de cuidado y acompañamiento.

La discusión sobre salud mental excede lo jurídico. También interpela al sistema sanitario, a las familias y a la sociedad en su conjunto. Porque detrás de cada estadística hay personas atravesando situaciones complejas que requieren atención profesional, redes de contención y respuestas oportunas.

La actualización de las políticas de salud mental aparece así como uno de los grandes desafíos sanitarios actuales: construir un sistema que combine ciencia, accesibilidad y humanidad para cuidar a quienes más lo necesitan.

(*) El Dr. Fernando E. Taragano es médico psiquiatra (UBA), Doctor Summa Cum Laude en Salud Mental, investigador clínico del CONICET, diplomado en Educación Médica y fue premiado por la Honorable Academia Nacional de Medicina.