Jorge Oscar Daneri

No son muchos los seres en la tierra nuestra, que pueden hacer de la política un tránsito amoroso.

Julio Federik es un ser que con su entusiasmo y curiosidad salió de los marcos de lo supuestamente correcto. Los poetas tienen esa sabiduría o privilegio de historias y seres que lo hacen contemplar y hacer, del conflicto, del desacuerdo, de la diversidad de posiciones, una búsqueda amorosa del encuentro, el entendimiento, la comprensión.

Julio abrazó entrañablemente dos momentos muy especiales, profundos, que se pueden trasmitir convocando recuerdos, sentimientos, sueños, proyectos y sus concreciones.

El tránsito y desarrollo del proceso electoral del FREPASO hacia la Gobernación de Entre Ríos con Julio como candidato a la primera magistratura en las elecciones de 1995, es uno de ellos, casi mágico. Contemplar ese derroche de energías cargado de fortaleza, ternura y una mirada conmovedora de convicciones irrenunciables.

Cuidábamos orgullosos el Estudio Jurídico. Julio esculpía cada día con la palabra cuidada, para sentirnos y ser parte de la mesa redonda de la fraternidad profesional, de la conversación política y en ella, no dejarnos de sorprender con su amplitud de escucha, silencio y reflexiones inapelables en devoluciones alucinantes.

La Convención Constituyente de Entre Ríos. Quizás como tanto le gustó un título de una nota compartida, recuerdos futuros. Normas que quedaron allí impregnadas de esperanza por esa capacidad de equilibrar, armonizar, reflexionar colectivamente, bajar el tono o subirlo con esa templanza impecable de la solvencia de la idea, la propuesta, la defensa de la posición.

En la Comisión de Desarrollo Sustentable fue relevante la actitud de Julio Federik para lograr finalmente cláusulas casi únicas. Quizás uno de los ejemplos mayores es el último párrafo del artículo 84 de la Constitución: “…La ley determinará la creación de un fondo de recomposición ambiental, y estrategias de mitigación y adaptación vinculadas a las causas y efectos del cambio ambiental global”.

Su palabra determino un punto de inflexión. Fue una enorme celebración. En la Convención Constituyente, gracias a seres humanos como Julio, la política se celebró desde otro lugar, casi luminoso. La construcción del consenso tenía mucho más que gladiadores de la palabra, habitaron poetas cargados de convicciones, que de la narración y el compromiso celebraron sus sentidos de vida. Es un legado enorme, aún en muchos de sus puntos normativos, incumplidos por los gobiernos.

Pero Julio y otros seres como Darío Gianfelice, Luis Agustín Brasesco, Santiago Reggiardo, le dieron a la paleta de sus artes un recuerdo, que sin duda alguna, será un futuro realizable, una utopía posible, un camino marcado que debemos transitar en la belleza de las instituciones creadas en la huerta del Programa Constitucional de Políticas de Estado, que tanto precisa ser desplegado con esa, sus convicciones y compromisos. Semejante legado colectivo, regado desde la sabiduría de Julio Federik, de estos seres.

Sorprendía su actitud frente a las diferencias de visión profesional o política. Una capacidad admirable de transitar hacia la convergencia o en última instancia a sostener la diferencia con una altura, respeto y solvencia, tan fuera de lo habitual en lo cotidiano de nuestro convivir.

Y la isla su rincón que busco gracias al don de la palabra, como un refugio de su sonrisa, escritura, de ternura hacia su río, su lugar.

Lo contemplamos con su presencia de caballero impecable, caminando por la peatonal, entrando al octógono, navegando hacia su refugio, contemplando las barrancas y escribiendo poemas de amor a los otros seres, flores y río.

Cuántos lo queremos. Gracias amigo.