El titular del Observatorio de la Deuda Social, Agustín Salvia, advirtió que la mejora estadística no se traduce en alivio real y que la clase media sigue recortando gastos para sostenerse.

Según un informe del sociólogo Agustín Salvia, director del Observatorio de la Deuda Social Argentina, puso en duda la reciente caída de los índices de pobreza y advirtió que existe una brecha entre las estadísticas y la situación real de los hogares.

El especialista reconoció que hubo una baja en los indicadores, pero pidió analizar con cautela al considerar que los datos presentan “limitaciones metodológicas” que pueden generar una imagen distorsionada. En ese sentido, explicó que no se trata de una manipulación, sino de problemas en la forma de medir, que terminan alejando los números de la vida cotidiana.

Salvia sostuvo que la percepción social va en sentido contrario a lo que muestran los informes oficiales. Señaló que muchas familias no experimentan una mejora en su poder de compra y, por el contrario, continúan ajustando sus consumos básicos. Al mismo tiempo, remarcó que los servicios esenciales —como luz, gas, agua, transporte y comunicación— ocupan cada vez más espacio dentro del gasto familiar, reduciendo el margen para otros consumos.

Uno de los puntos centrales de su análisis es que las canastas utilizadas para medir la pobreza están basadas en estructuras de consumo de hace dos décadas, cuando el peso de los alimentos era mayor y las tarifas tenían menor incidencia. A esto se suma que el índice de precios que actualiza esas canastas también arrastra parámetros antiguos, lo que, según indicó, termina generando una caída de la pobreza que luce más pronunciada de lo que realmente es.

Además, explicó que una mejora en la medición de ingresos también influye en los resultados: al registrar con mayor precisión cuánto ganan los hogares y compararlo con una canasta desactualizada, los indicadores muestran descensos que no necesariamente reflejan una mejora concreta en la calidad de vida. No obstante, reconoció que la desaceleración en los precios de los alimentos sí impactó en una reducción más real de la indigencia.

Para Salvia, la situación actual se asemeja a la de los años posteriores a la pandemia, con una economía que no logra consolidar una recuperación sostenida. Advirtió que los niveles de pobreza podrían ubicarse nuevamente cerca del 30% y que el sector más afectado es la clase media baja, que ajusta gastos, posterga mejoras en su vivienda y reduce inversiones en salud y educación.

También vinculó este escenario con la falta de empleo de calidad, el crecimiento del trabajo informal y la caída del empleo público, lo que configura un cuadro de estancamiento social donde no hay un deterioro abrupto, pero tampoco señales claras de mejora estructural.

En este contexto, los últimos datos del Indec ubican a Concordia entre las ciudades con mayores niveles de pobreza del país, con cifras que superan ampliamente el promedio nacional. La realidad se vuelve cada vez más visible en el entramado urbano: crece la desigualdad, se profundizan las carencias y se percibe con mayor fuerza en el corazón de la ciudad, donde conviven situaciones críticas con un entorno de notable riqueza natural y desarrollos inmobiliarios de alto nivel, marcando un contraste que ya no pasa desapercibido.