En una extensa entrevista concedida este domingo al diario Perfil, el gobernador Gustavo Bordet analizó la política nacional y provincial.

En el diálogo con Jorge Fontevecchia, coincide con el Presidente Alberto Fernández en que el abandono del centro explica la derrota en las elecciones de medio término y habla de una lógica provincial en la que no existe el voto cautivo. Además, revela el pensamiento de muchos gobernadores sobre el rol de La Cámpora y el kirchnerismo. Habló de su futuro sucesor, del conflicto por Botnia y la relación con Uruguay.

—En 2020 hicimos una entrevista larga en la que dijo que Alberto Fernández debía ser el candidato a presidente del Frente de Todos. El Presidente dijo también en esta serie de reportajes que estaba dispuesto a presentarse en 2023. ¿Qué veía hace un año y medio que se ratificó ahora?

—Quien detenta un cargo ejecutivo, el de presidente de la Nación, que es el más importante, lógicamente debe tener aspiraciones para una reelección de su mandato. Alberto Fernández puede garantizar la consolidación de un modelo justicialista. Algo concatenado directamente con su reelección en 2023. Después, es el pueblo quien decide con su voto. Pero en nuestro espacio el Presidente tiene toda la legitimidad aspiracional para ser reelecto.

—Lo que seguramente usted veía era que el kirchnerismo tenía un techo y debía resurgir el peronismo más tradicional de los gobernadores. En el reportaje citado, Alberto Fernández dice que se perdieron las elecciones porque hubo un corrimiento hacia el sector kirchnerista.

—Comparto la mirada. Es importante consolidar un frente donde el eje central transcurra por una moderación que nos acerque a otros sectores. Hoy no alcanza con espacios cerrados. Para poder atraer electoralmente a otros sectores, hay que abrirse. Se necesita una visión estratégica abierta. Alberto Fernández representa la posibilidad de confluencia de distintos sectores internos. Es lo que desarrolla cotidianamente desde el poder. Nuestra tarea, en mi caso como en el de otros gobernadores, consiste justamente en afianzar esa construcción de un modelo. Que, al menos en provincias con características muy particulares, como la de Entre Ríos u otras zonas productivas, tenga fortaleza política con volumen para disputar elecciones. Y, como ocurrió en 2015 y 2019, contemos con el respaldo de ciudadanos que confían en un modelo que garantice racionalidad, apertura, diálogo y, fundamentalmente, encuentro y no divisiones.

—¿En su provincia acercarse al kirchnerismo hace perder votos?

—Cuando se radicalizan posiciones, hay un corrimiento de votos. Votos que tenemos cuando se votan cargos ejecutivos, léase gobernador, intendentes. Cuando se eligen cargos legislativos esos votos no están. Entre Ríos tiene un voto muy fluctuante. Es una provincia con muy buena distribución demográfica de la población. La capital concentra solamente un 25%. Existe un voto no cautivo, que cambia. Cuando ese voto se nacionaliza, desde el justicialismo local perdemos identidad. Cuando las propuestas son locales, los ciudadanos nos confían la responsabilidad de ejercer cargos públicos. Cuando se nacionalizan, como en elecciones de medio término, o cuando predominan posiciones más extremas, perdemos ese voto.

—Son provincias con un comportamiento electoral muy diferente al del Conurbano…

—Hay municipios con intendentes que tienen impronta kirchnerista. Los ciudadanos confían en ellos. Los cargos ejecutivos se eligen más por la confianza que se tiene con la persona que resuelva los problemas cotidianos. Esa es la labor de un intendente. Pero en lo macro, en una provincia muy moderada, con posicionamientos muy de centro y donde hay alternancia democrática, es muy fina la variable que separa una posición política de otra. Radicalizarse hacia un extremo u otro significa fuga y pérdida de votos.

—Mencionamos su caso junto al de Omar Perotti. También está Sergio Uñac, que a comienzos de 2019 dijo que Roberto Lavagna era el presidente ideal. ¿Hay gobernadores de centro con una posición muy distante de la del kirchnerismo que podrían al mismo tiempo sumarse a los gobernadores del norte, también más cercanos a Alberto Fernández, como el mismo Juan Manzur?

—Es lo que particularmente converso con muchos gobernadores. Hay una cercanía con el Presidente. Vemos representados nuestros intereses federales en el Presidente. El futuro del justicialismo pasa por consolidar el plan de gobierno del Presidente y acompañarlo desde las provincias. Entendemos que es la vía. En política, todo tiene ciclos y oportunidades. Hoy el presidente es Alberto Fernández. Desde el justicialismo y desde nuestras provincias, tenemos que consolidar la construcción de ese poder para que en 2023 sea quien lleve adelante una propuesta que necesariamente tiene que ser superadora a la de hoy. Debe ser mucho más convocante, abierta y que tienda a romper grietas.

—¿Más abierta y convocante implica con incidencia mucho menor del kirchnerismo?

—Con presencia de sectores que hoy no están acompañándonos porque ven que no están representados sus intereses. Puede ser por el kirchnerismo, puede ser por otros sectores. La clave es la actitud convocante para acercarnos a votos que antes teníamos y hoy no.

—¿La terapia para que el Frente de Todos pueda volver a ganar en 2023 se resumiría en una deskirchnerización del Frente de Todos?

—No hablo de deskirchnerización. Hay sectores dentro del Frente de Todos establecidos y representados. En 2019 tuvimos la confianza de muchos sectores moderados, que no necesariamente adhieren al peronismo. Personas que sienten simpatía, que confían en un proyecto de crecimiento, de moderación, pero también de inclusión social. Esa confianza de 2019 hoy no la tenemos, hoy la perdimos. Hay que ir a buscar esa confianza. Se consigue salvando grietas inexistentes. Esa relación de amigo/enemigo hoy está muy marcada en la sociedad. También en el Congreso. Nuestra tarea es solucionarla. No se construye un país con antinomias y confrontación permanente.

—¿Esa cultura también tiene que ver con una matriz de producción? ¿En la medida en que una provincia es autosuficiente y superavitaria cambia la cultura política?

—Lo que cambia es la forma cotidiana del ciudadano de vincularse a la política. Lo hace desde el trabajo o desde la producción en este caso. En provincias como Entre Ríos hay multiplicidad de economías regionales. Es muy importante la agricultura. El 50% de lo que se produce y se exporta en carne aviar es desde Entre Ríos. Pero también es muy importante la citricultura, la producción de arándanos, el arroz, el resto de los cultivos, como maíz, trigo, soja, la ganadería, la producción de miel; Entre Ríos es el segundo productor de miel. Hay un problema muy grande en esa lógica que alguna vez se impuso de enfrentamiento con una entelequia que se llama “campo”: lo que existen son productores que trabajan su tierra, que quieren que quien los represente defienda sus intereses, esté en el partido político que esté. Por eso a veces su voto acompaña en un sentido y otras va en otro sentido. Es una plusvalía de nuestras provincias esa autonomía en las decisiones.

—Karl Marx planteaba que la infraestructura construía la superestructura y, a la inversa, como plantean los liberales. La economía hace la cultura y no viceversa. Al ejemplo de San Juan podría sumarse el de su vecina Corrientes, o Córdoba.

—San Juan tuvo un auge con la minería; pero la minería fue el disparador para el surgimiento de muchas economías regionales potentes. También para los servicios. El hecho de tener represas de agua, riego, genera un sinnúmero de oportunidades.

—En el caso de Corrientes, el cambio de la matriz productiva del agro, lo mismo que pasó en Paraguay o el sur de Brasil, también cambió el trabajo del campo…

—Corrientes pasó de tener una producción de ganadería extensiva, quizá no vaya el término semifeudal, pero sí extensiva en grandes extensiones de campo a tener hoy otra matriz productiva, más intensiva. Tuvo un crecimiento notable de la forestoindustria, también de muchas producciones regionales, como el caso de la citricultura.

—¿Aquellas provincias a las que les va bien tienden a posiciones políticas más moderadas, más de centro, y aquellas que no cuentan con los recursos suficientes normalmente buscan salidas más polarizantes?

—Yo creo que las provincias que tienen un desarrollo que se genera a partir de economías regionales, de sistemas productivos que vienen en crecimiento pujante, tienden hacia el centro.

—¿En aquellas que no pueden crecer, o peor aún, que están decreciendo, florecen con mayor proporción discursos de cualquiera de los extremos?

—Una provincia con multiplicidad de oportunidades desde lo industrial, lo productivo, lo económico en general, hace que el voto tienda, no a ser más de centro o conservador, tienda justamente a exigirles a sus candidatos que representen esos intereses. Y no pasa solamente con el productor, la pyme o el empresariado. Pasa con los trabajadores. Buscan estabilidad, garantías de crecimiento con empleo. Esto exige moderación y también una construcción durante mucho tiempo de respeto y diálogo. La política va por otros caminos que no necesariamente son la confrontación permanente. Es lo que nuestro electorado demanda. Nos demanda que discutamos lo que haya que discutir y nos pongamos de acuerdo para construir una mejor provincia.

—¿Podríamos construir un axioma: desarrollo es igual a moderación, estancamiento y decadencia producen extremismo?

—El desarrollo y la expansión de la economía, el sostenimiento del empleo en la actividad privada, demandan una exigencia mayor.

—Chubut sería el ejemplo contrario de San Juan. Se plantea una situación en la que un gobernador quiere producir una nueva fuente de desarrollo y una parte de la sociedad se opone. Usted vivió algo análogo con el tema de las papeleras y Botnia. ¿Cómo analiza la situación?

—No quiero polemizar sobre una provincia amiga o vecina. Soy muy respetuoso de los temas ambientales. Debemos ir hacia un futuro sustentable. Debe haber métodos sustentables de producción. Tenemos que corregir muchos métodos de producción agrícola, sobre todo en mi provincia de Entre Ríos. Promoveré una ley de cultivos responsables para que los agroquímicos no generen efectos nocivos sobre las personas, pero que a su vez permitan sostener un sistema productivo; con la minería pasa exactamente igual. Y lo mismo con la industria forestal. Con estándares y normas de control, tranquilamente se puede compatibilizar la producción sustentable de la minería con el recurso medioambiental. Si una provincia tiene la segunda mina de plata más grande del mundo en el medio de una meseta donde no se puede hacer otra cosa que explotar esa mina, se está perdiendo una oportunidad histórica.

—¿Cómo evalúa lo que pasó en Botnia 18 años después?

—El problema más grande que ocasionó el conflicto fue la paralización de muchas relaciones bilaterales con Uruguay. Fue muy doloroso porque hay una historia común de construcción entre uruguayos y argentinos. En el momento más álgido del conflicto, los intendentes de la margen del río Uruguay orientales y los intendentes de la margen del río Uruguay sobre la provincia Entre Ríos nos pusimos de acuerdo para crear un Comité para la Hidrovía del Río Uruguay, para el dragado específicamente. Esto disparó también otra serie de encuentros para salir por arriba del conflicto. El conflicto, más allá del tiempo que duró, generó que Entre Ríos quedara estancada en su producción forestoindustrial.

Seguimos como antes, con 150 mil hectáreas forestadas con eucaliptos. Corrientes, que tenía una cifra parecida a la nuestra, hoy tiene 800 mil hectáreas. Las plantaciones se mudaron a Corrientes. Había una ley, la de la madera, que impedía que se exportara madera entrerriana a Uruguay. Hizo que la gente no plantara más en Entre Ríos. Primero, era inconstitucional, porque los recursos aduaneros y de exportación son facultad del gobierno nacional, no de las provincias. Además, era absurdo hablar de madera entrerriana. Entonces, la madera entrerriana se cortaba en Entre Ríos, se facturaba en Corrientes y pasaba como madera correntina por los puentes hacia la fábrica de Botnia.

—Usted no puede ser candidato a gobernador de su provincia porque ya lo fue dos veces. En su provincia, quien fue dos veces gobernador no puede nunca más volver a ser gobernador, ni siquiera pasando un período…

—Así es. La Constitución en Entre Ríos se reformó en 2008. Permitió la reelección en un período más, que puede ser continuo o discontinuo, en mi caso es continuo, pero después nunca más. Es una cláusula restrictiva del estilo de la etadounidense.

—Pero en Estados Unidos se usa solo para presidentes. Los gobernadores pueden ser reelectos…

—Ninguno de los cincuenta estados en Estados Unidos tiene esta cláusula. Es solamente para el presidente. Se colocó en la época de Franklin Delano Roosevelt para limitar las reelecciones indefinidas.

—¿Usted está de acuerdo?

—Ocho años es un ciclo más que importante para desarrollar un plan de gobierno, concretar y llevar adelante acciones de gestión. Cuatro años es un período demasiado corto. Si los ciudadanos están de acuerdo, confían y, a través del voto popular, se otorga un período más, ocho años es un período más que suficiente. Hay que romper con lógicas caudillescas. Generar nuevas oportunidades: que quien me suceda pueda hacer las cosas mejor y estén planteadas políticas públicas que otorguen continuidad y previsibilidad.

—¿Podría ser candidato a vicegobernador?

—Tampoco.

—La posibilidad de perpetuarse en el poder potencia los caudillismos. La renovación peronista de Cafiero en su momento postulaba un justicialismo institucionalizado. Los gobernadores de la tercera vía, Juan Schiaretti, Omar Perotti, Sergio Uñac, usted mismo, pueden ser herederos de esa búsqueda. El kirchnerismo podría haber sido visto como una regresión en ese proceso. ¿En 2023 pasará a ser una parte minoritaria y el peronismo se institucionalizará como partido más allá de figuras omnímodas?

—El peronismo, después de la muerte de Juan Perón y de la dictadura, hasta 1983, recorrió un camino largo tendiente a modernizarse y constituirse como partido político. No fue un proceso sencillo.

—El paso de un movimiento a un partido político…

—El movimiento sigue estando. El peronismo es una expresión con adhesión de muchos sectores. Alguien dijo que en Argentina todos terminamos siendo peronistas. Se pone como ejemplo humorístico que el Papa también adhiere. Esa característica movimientista se canaliza a través de un partido político. Para eso necesitó de un proceso de renovación muy importante en los años 80. Pasar por el menemismo, con sus claros y sus oscuros, y el kirchnerismo. Fue en un momento institucional muy delicado. Puso en marcha todo un sistema que había caído por la crisis de 2001/2002. Es un proceso evolutivo. Hoy el peronismo está institucionalizado.

—La vicepresidenta decidió quién era el candidato a presidente y no hubo internas. No parece muy institucional.

—Generó el consenso necesario. La decisión de Cristina fue que Alberto Fernández fuera el presidente. Fue un punto de consenso.

—En el fondo ella no lo habría elegido, sino que sería la única alternativa.

—Eligió a la persona que podía generar consenso y confianza.

—¿No fue libre de elegir a quien quería sino a quien podía?

—No lo sé. La decisión tuvo que ver con que quien encarnara la candidatura fuera alguien que generara confianza a los sectores moderados. En nuestra provincia reclamábamos esa participación. Alberto Fernández generó eso y hubo un acompañamiento muy importante de sectores de la sociedad que no eran peronistas. Hoy no lo tenemos. Y debemos recuperarlo. Por eso no hubo internas. Cuando hay consenso natural, las internas no son necesarias. Tiene que haber internas. En mi provincia voy a propiciar que las haya para que quien me suceda tenga la legitimidad. En la ley provincial de Entre Ríos hay internas abiertas, simultáneas y obligatorias.

—¿El candidato a presidente de 2023 puede surgir a través de las PASO?

—El sistema de las PASO es bueno. Muchas veces no se usa porque se fuerzan consensos. Otras veces esos consensos se dan naturalmente, como cuando se eligió a Alberto Fernández. Nuestros oponentes lo usaron y les dio un muy buen rédito. Competir democráticamente de manera interna posibilita una movilidad de ideas. Si se garantiza la integración de las minorías, confluye en una propuesta más potente.

—¿Cómo sería la taxonomía resultante? ¿Por un lado estaría el kirchnerismo con La Cámpora como significante y por otro lado estaría el peronismo tradicional con los gobernadores?

—Puede haber otros. Es un frente con matices. A veces son más marcados, a veces menos. La forma de dirimir posicionamientos políticos internos más apropiada son las PASO, porque no votan solamente los afiliados. Son abiertas.

—¿El candidato natural del espacio de los gobernadores y el peronismo tradicional sería el Presidente?

—Claramente.

—¿Y con quién competiría?

—Hoy nadie manifestó la voluntad. El Presidente sí lo ha dicho en el reportaje con usted. Pero en buena hora que alguien compita. Veo posicionamientos dentro del frente. Pero no sé si desde esos posicionamientos surgirá alguien que compita en las PASO.

—Esa misma semana del reportaje que usted cita, se generó una confusión alrededor de declaraciones de Wado de Pedro. Por el “delay” de la comunicación, pareció responder “seguro que sí” a si La Cámpora debía presentar su propio candidato en la PASO. ¿Sería útil para la evolución del peronismo que el kirchnerismo presentase un candidato en las PASO de 2023?

—Entiendo que sí. En la medida en que se esté de acuerdo con la propuesta que lleva adelante el Presidente, se podrá competir en un espacio. No hay que tenerle miedo a la competencia. No debilita a una fuerza política. En estas últimas elecciones, en mi provincia y en Buenos Aires, benefició mucho a nuestros adversarios. Surgieron candidatos de posiciones encontradas. Luego se integraron en una lista por minoría y construyeron una propuesta muy potente.

—¿Cómo le fue a La Cámpora en su provincia?

—No tiene un desarrollo territorial importante.

—Usted mencionó a intendentes kirchneristas…

—Intendentes con distintos perfiles. Convivimos todos. Es lo que sucede en la provincia.

—¿Qué representa del total del peronismo?

—Secundaria.

—¿Digamos el 10%?

—En la medida en que no haya una competencia, no se tiene idea del parámetro. Hay una propuesta aggiornada con el peronismo construida desde hace muchos años.

—Tengo entendido que cuando fue el partido de la Selección usted estuvo en San Juan en una reunión con varios gobernadores en la que hablaron de política. ¿Qué peso específico tendrían ambos sectores a nivel nacional?

—Depende de dónde estemos situados. La realidad en las provincias es muy diferente.

—Cada gobernante trata de provincializar la elección para no estar arrastrado por lo nacional. Mi pregunta es precisamente por la incidencia nacional.

—A nivel nacional, nuestra referencia es el presidente Alberto Fernández. Sintetiza lo que las provincias trabajamos con el gobierno nacional para construir objetivos comunes y federales.

—¿La relación es con el jefe de Gabinete y no con el ministro del Interior?

No. El Presidente tiene un equipo de gobierno y funciona como tal. Son roles bien determinados.

—¿Cómo se lleva con Wado de Pedro?

—Bien. Tengo una relación muy buena. Es un político que tiene toda la visión del país y de los gobernadores.

—¿Le gustó que haya renunciado inmediatamente después de las PASO?

—No, no me gustó. Creo que hubo un apresuramiento, pero después se resolvió con el Presidente.

—Paolo Rocca dijo que, más allá de las inconsistencias macroeconómicas del Presente, Argentina tiene una enorme oportunidad. ¿Cuál es su visión sobre la economía?

—Estamos en un momento de expansión económica. Hoy el mundo demanda alimentos. Y Argentina es un gran productor. Hay una situación internacional que favorece a Argentina. No solo por los precios de las commodities. En Entre Ríos el empleo privado aumentó un 2,1% en relación con niveles prepandemia, superando a 2019. Cuando hablo con industriales, tanto avícolas como de la construcción, con pymes, con los centros comerciales, todos me manifiestan que hay expansión. Las variables macroeconómicas demuestran también que hay niveles de crecimiento superiores a la prepandemia. En la construcción se recuperaron empleos perdidos. La obra pública empuja mucho la reactivación de estos sistemas de construcción. En exportaciones también lo vemos: en Entre Ríos las exportaciones aumentaron un 7% respecto a 2019.

—¿Cuánto por precio y cuánto por cantidad?

—Es muy parejo. Hay cadenas de valor que ya tienen mercados estipulados y establecidos. También pasó algo curioso; además de exportar, hubo un buen precio en el mercado interno, cosa que hacía muchos años no había, en frutas como cítricos o en pollo.

—¿Cómo incide la inflación en el proceso económico?

—Veo variables macro en una muy buena situación. Todo hace pensar que para el año que viene seguirá a este ritmo, pero mientras no podamos controlar la variable inflacionaria, la rentabilidad de muchos sectores quedará licuada. Y fundamentalmente los salarios de los trabajadores quedarán también licuados.

—¿Que el producto bruto crezca por exportaciones, pero no por consumo?

—Exactamente.

—Es el talón de Aquiles del modelo.

—Ese es el desafío. Es el desafío para corregir variables inflacionarias, para ir hacia un modelo de cambio unificado. Es clave tener un acuerdo con el Fondo Monetario decoroso. Se negocia con mucha firmeza, pero se debe encontrar en un tiempo no lejano la firma que se necesita para un alivio en los desembolsos. Que ese alivio pueda servir para los dos primeros años de la gestión que viene. Que no sea en el corto plazo. Es lo que se está negociando y entiendo que si podemos tener un acuerdo, que a mi entender va a ser beneficioso para los intereses de Argentina, podemos recuperar el crédito y la confianza. Hasta que este acuerdo no se selle, no vamos a tener crédito. Hay oportunidades para que se invierta en Argentina. La deuda se contrajo irresponsablemente de manera insólita, porque se tomó un crédito de 44.500 millones de dólares a desembolsar en los cuatro años que vienen. Si no hay un acuerdo con el Fondo Monetario, el gobierno nacional va a tener que pagar 18 mil millones de dólares en 2022, y 19 mil millones de dólares en 2023. Es impagable. No alcanzan las reservas.

—Nadie supone en el Fondo que tal cosa va a suceder.

—Hay que encontrar un acuerdo que sea el punto de partida para corregir después variables.

—¿Sería la diferencia entre un acuerdo decoroso y uno indecoroso?

—Hay una negociación. El Gobierno la lleva adelante desde una posición de mucha rigidez. Va a dar resultado, como oportunamente ocurrió con los tenedores de bonos argentinos. Allí hubo una muy buena negociación.

—Si la economía funcionase, el candidato lógico sería el Presidente. Si la economía no funcionase, habría posibilidades de que el Frente de Todos perdiese la elección de 2023. Todo se juega allí.

—La economía es determinante. Es el viejo axioma de Bill Clinton: “Es la economía…”.

—Y si la economía no funcionase, sea candidato el actual presidente u otro, las posibilidades del Frente de Todos de perder la elección serían grandes.

—Es el principal desafío que tenemos como gobierno y como propuesta política. Está íntimamente relacionado. Si logramos controlar variables inflacionarias que lleven un bienestar real y efectivo al bolsillo de los trabajadores, de cada ciudadano, que permita que la rentabilidad de una pyme no se esfume, que se puedan importar bienes de capital, tenemos las condiciones para crecer económicamente. Eso posiciona al Presidente en condiciones inmejorables de ser reelegido.

—El principal candidato a sustituirlo es Rogelio Frigerio, que suele hablar muy bien de usted. Me hace acordar a lo que pasa en Brasil, donde Lula propone como candidato a vice a su competidor, quien fue candidato del PSDB, Geraldo Alckmin. ¿Cómo describiría su vínculo con Frigerio?

—Que uno compita o tenga miradas diferentes o aplique soluciones diferentes no significa recurrir a la descalificación, al agravio personal o a generar actitudes que hieran desde lo personal. Se puede confrontar, competir en un marco de racionalidad. Es la forma de discutir que salda la grieta. Un ejemplo puede verse con la Ley de Presupuesto. Estoy en desacuerdo con los legisladores que en campaña prometieron que defenderían los intereses de Entre Ríos y no permiten que se vote una ley y perjudican los intereses de la provincia. Tengo esa crítica hacia ellos. Pero no voy a descalificarlos acusándolos de traidores. No profundizaré la grieta. Hay que marcar posiciones, que a veces son claramente diferentes. Hacerlo con altura y respeto. Hay temas con los que tenemos que acordar porque hay cuestiones vitales para el desarrollo de la provincia que son políticas públicas que trascienden gestiones de gobierno. En lo personal, me trajo problemas. Se habla de pactos que jamás existieron. Es la forma de ver la política desde otro ángulo. Si se observan países vecinos, como Uruguay, ve que sin dudas hay posiciones muy marcadas. Pero hay temas en los que se ponen de acuerdo. Estuve hace diez días en Uruguay con el presidente Luis Lacalle Pou. Luego, tuve una charla con José María Sanguinetti. Desde lo personal, fue muy formativa. Se retrasó 15 minutos porque venía de un homenaje al ex presidente Tabaré Vázquez por un aniversario de su muerte. En ese acto estuvo el presidente en ejercicio, Lacalle Pou; estuvo su padre, que fue presidente por el Partido Blanco; estuvo Pepe Mujica, ex presidente por el Frente Amplio, y Sanguinetti, ex presidente colorado. Es una forma de ver la política. Discuten, polemizan, pero hay cuestiones en las cuales tienen que ser convocantes. Es la forma de construir un país.

—¿Hay una cultura similar en Entre Ríos y Uruguay, o usted encuentra similitudes?

—Hay una matriz común. A los uruguayos les gusta que les digan orientales. Lo aprendí porque viví toda la vida frente a Uruguay y estudié en su universidad. Eran los orientales y nosotros la provincia occidental del río Uruguay, que nos separaba. Ese concepto artiguista, muy fuerte de la Liga de los Pueblos Libres, marcó la matriz entrerriana y del Uruguay. Artigas se exilia en Entre Ríos, en su éxodo, en su redota, como la llaman en la historia uruguaya. Tenemos muchas cosas que nos unen.

—Sorprende que haya provincias promadera y otras antimadera, con un límite que a veces es arbitrario. Otro ejemplo serían San Juan y La Rioja. Uno puede entender que Mendoza tenga otra matriz productiva mucho más diversa, pero La Rioja no tiene mucho más que lo que podría tener San Juan. Y sin embargo, la minería en San Juan es vista como una oportunidad y en La Rioja, como amenaza. ¿Cómo se construyen esas particularidades?

—Hay que desmitificar los fundamentalismos. El caso de la madera me toca de cerca. El macizo forestal de eucaliptus está en Concordia, en Federación. Lo conozco de cerca. El atraso hizo que migrara a Corrientes. Hoy se corrigió. La explotación forestal es una gran oportunidad. Medioambientalmente es muy sustentable, y es una oportunidad para agregar valor a la madera y generar construcciones de viviendas o producción de muebles.

—Lo que explicaban los mayores productores de papel del mundo, los países nórdicos, es que lo que tarda un árbol en crecer en la latitud del centro norte argentino y el sur de Brasil es mucho más rápido que en la latitud en los países escandinavos. Lo más importante no son los árboles existentes, sino la velocidad de los futuros.

—Sí, y esto tiene que ver también con una política forestal. Misiones tiene una política forestal afianzada en el tiempo. La practica y le está dando resultados. Exportamos por los puertos entrerrianos madera de Misiones, excedente que les queda y tienen que sacarlo. Se hace a través de nuestros puertos. Sobre el tema de las fábricas de papel tuve la oportunidad de estar en Quebec hace cerca de ocho años. Es una zona forestal por excelencia sobre el río San Lorenzo. Les pregunté si tenían fábricas de pasta de papel. Tenían nueve. Pregunté si había contaminación y la respuesta fue: “Cero”. Con todo lo que ocurrió en Entre Ríos, quizá sea inviable poner una planta de pasta de celulosa. Quedaron muy latentes posicionamientos muy fuertes. Pero si usted le pregunta al gobernador de Corrientes, le contestará que le encantaría tener una fábrica de pasta de celulosa.

—Después de 15 años, ¿Botnia contamina o no?

—En los monitoreos que se realizaron, que uno puede discutir si son más o si son menos, no se advirtió fehacientemente que haya indicios de contaminación sobre el río Uruguay. Estamos cumpliendo con la construcción de plantas de efluentes de tratamiento de residuos sólidos urbanos en todas las ciudades costeras del río Uruguay.

—¿Contaminamos más el río Uruguay que los uruguayos con las papeleras?

—Hoy en Entre Ríos todas las ciudades a la vera del río Uruguay tiran en crudo los efluentes cloacales al río Uruguay.

—Que sí son contaminantes.

—Hay un programa a través del BID en el que se están mejorando las plantas. Gualeguaychú sí tiene una planta de tratamiento que está en obra; Concordia está en proceso de licitación y está próxima a salir Concepción del Uruguay. Después vienen Colón y San José. Con esto vamos a saldar una deuda ambiental con el río Uruguay: tener tratamiento de efluentes para que, cuando lleguen al río, lleguen con los estándares que se requiere para que no contaminen.