Fueron una detrás de la otra. Kicillof los dejó almorzando solos a Caló y compañía sin decir agua va. Aníbal Fernández se presentó frente a los gremios del transporte como un hombre con las manos atadas para convencer a Cristina de nada. La Presidenta volvió a darle audiencia personalizada a Gerardo Martínez, de la UOCRA, pero para decirle airadamente esta vez que ni soñara con cambios en Ganancias.

El sindicalismo opositor suma dos más dos y concluye que el Gobierno no tiene nada para darle al gremialismo más que desplantes, señales equívocas o ninguneos. Por eso, la semana que viene, día a confirmar, se sentarían a la misma mesa la CGT de Moyano, la de Barrionuevo, las organizaciones del transporte y la CTA combativa de Pablo Micheli, para acordar ir todos juntos a la huelga del 31 de marzo.
 
«El paro general es irreversible», dijo Barrionuevo anoche a Infobae, descartando por completo que en los días que median hasta la fecha del paro pueda abrirse una hendija por dónde negociar algo con la Casa Rosada. El jefe de la central Azul y Blanca puntualizó que los reclamos son exactamente los mismos que presentaron con Moyano el verano del año pasado, en Mar del Plata, cuando se aliaron para juntar fuerzas contra la administración K.
Las demandas alcanzan desde el «regresivo» impuesto a las Ganancias hasta la monumental deuda del Estado con el sistema de obras sociales sindicales (25 mil millones de pesos), pasando por la «precaria» situación de los jubilados. El paquetazo de cuestionamientos incluye, además, temas tan diversos como el crecimiento de la inflación, la inseguridad y el narcotráfico.
La semana pasada, Moyano y Barrionuevo declinaron apoyar el paro, argumentando que faltaba mucho. Una razón que mal maquilló la desconfianza que ambos profesan por el colectivero Roberto Fernández, de UTA, y el ferroviario Omar Maturano, del gremio de conductores de locomotoras; un dúo con antecedentes de propiciar medidas de fuerza y luego borrarse si en el ínterin consiguen sacar partido a favor de sus organizaciones.
Barrionuevo eludió hablar de esas suspicacias. «Ahora estamos todos juntos otra vez«, señaló con un ánimo belicoso que pretende extender a su propio sector, el gastronómico, si no se atiende su reclamo deun 40 por ciento de mejora salarial o un dinero a cuenta , hasta el cierre de la paritaria, que esté en línea con aquel porcentaje. «Vamos a parar todos los restaurantes en Semana Santa«, pasa su aviso.
Debería suponerse que bien, pero habrá que ver cómo cae entre los gremios del transporte que ahora hagan cola para sumarse al paro que ellos lanzaron. Especialmente podría hacerle ruido a Maturano, que no esconde su deseo de encabezar una próxima CGT de unidad. Y quiere ir mostrando firmeza: «Omar no va a permitir que le vengan a manejar los tiempos», advierten desde la Fraternidad.
Fiasco fue la palabra utilizada por los gremios del transporte para describir el encuentro que mantuvieron con el jefe de Gabinete y el ministro de Trabajo, Carlos Tomada. Aníbal («Bigote» para los dirigentes) tomó la iniciativa de una charla que fue la nada mismo. Por poco no se le tiran encima a Fernández cuando éste propuso a sus visitantes un intercambio sobre la actualidad general de esas organizaciones. Le retrucaron que ellos estaban ahí sólo para hablar de la eliminación, lisa y llana, del actual régimen impositivo.
Aníbal se sinceró entonces del mismo modo que haría luego frente a los medios. «Todo depende de la Presidenta«, reconoció, dando a entender que por más que él quisiera, sin la venia de Cristina, el reclamo sindical caería en saco roto. En ese punto, la reunión perdió todo sentido.
Con la excepción de Kicillof, casi todo el gabinete avalaría cambios en Ganancias. Entienden los funcionarios más próximos a la Presidenta que el Gobierno estaría en condiciones de establecer algún pase de mano contable para resignar lo que recauda por Ganancias sin afectar su poder financiero. Creen que si eso ocurriera, las paritarias serían pan comido. Pero está visto que donde manda capitán, no mandan los ministros. Ahora hasta la UOM de Caló saca los pies del plato y pide más del 30 por ciento de aumento.
De la intransigencia de Cristina podría dar cuenta Gerardo Martínez, que volvió a conseguir entrada para una reservada reunión a solas con la mandataria. A fines del año pasado le salió bien al sindicalista constructor: convenció a la Presidenta de exceptuar de Ganancias el último medio aguinaldo. Esta vez en cambio no tuvo suerte.
La Presidenta le habría manifestado su indisposición a resignar esos fondos; y que no iba a permitir que la economía se resintiera. Los voceros de siempre agregan que Cristina preguntó a Martínez que hacía creer al sindicalismo que ella les entregaría ese trofeo, cuando tuvo la oportunidad, y la dejó pasar, de que la «aplaudiera todo el país» el 1° de mayo en el Congreso, al inaugurar el período de sesiones ordinarias.
También fracasó el plan de Caló y los ultra K de ablandarlo a Kicillof con el estómago lleno. El jefe de Economía esgrimió el inagotable recurso de «problemas de agenda» y no se dejó ver en la comilona que le habían preparado los ultra K en el gremio de los taxistas para hablar de Ganancias y otros temas. Mandó a decir que esta próxima semana se iban a ver «sí o sí». Pero a esta altura ya nadie cree más en nada.
¿Creerá en cambio Scioli definitivo el apoyo que ayer le manifestaron en Smata los gremios industriales del kirchnerismo? Hasta el ferroviario Sergio Sasia puso la cara en ese escenario, pese a que está jugadísimo con la postulación de Randazzo. Hay quienes creen ver en ese acercamiento, una sutil venganza de la CGT oficial contra la doctora Kirchner, que simpatiza poco y nada con el gobernador boanerense. Podría ser.
En verdad, en política, todo puede ser. Como que Tomada dijera que se iba a abstener de participar en las próximas elecciones para «promover gente nueva» (hablaba de proyectarlo a las grandes ligas a su secretario de Empleo, Matías Barroetaveña) y al final aparecer en Capital como primer candidato a diputado nacional en la lista K que lidera el camporista Mariano Recalde. O que el gremio de los colectiveros termine apoyando a Mauricio Macri en su aventura presidencialista.