Una investigación de Harvard y el MIT confirmó la relación entre las siestas breves y la creatividad
Para algunos, tener la posibilidad de descansar al menos 20 minutos en las tardes, puede ser algo que los favorecerá en el resto de la jornada que les queda por delante.

Algunas personas consideran que dormir unos minutos durante la tarde es una pérdida de tiempo o una señal de falta de energía, pero la neurociencia sugiere que el inicio de ese sueño es un momento de alta actividad creativa y que ese momento es muy receptivo para generar ideas nuevas o encontrar soluciones a dilemas que bloquean la mente durante el día.
Entonces, ese descanso puede usarse de una forma estratégica y, más que buscar dormir profundamente, se trata de habitar ese espacio entre la vigilia y el sueño donde el cerebro asocia conceptos con total libertad.
Antes, hay que conocer qué es la fase N1;: se trata de un estado de semilucidez, de transición entre estar despierto y dormido. Durante este corto periodo, la actividad de la zona del cerebro encargada del juicio crítico disminuye de forma notable.
Al bajar la guardia consciente, la mente permite la aparición de imágenes y asociaciones libres que no ocurrirían en estado de alerta, entonces, la fase N1 actúa como un filtro que elimina la rigidez mental, permitiendo explorar rutas de pensamiento alternativas antes de caer en el sueño más pesado.

El descubrimiento sobre el sueño
Un estudio realizado por investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y la Escuela de Medicina de Harvard analizó esta capacidad mediante una técnica llamada “incubación del sueño” y los científicos guiaron el pensamiento de los participantes pidiéndoles que pensaran en árboles justo antes de quedarse dormidos.
En el experimento, quienes pensaron en árboles en la fase N1 tuvieron un rendimiento creativo muy superior en tareas posteriores relacionadas con esa temática y superaron tanto a quienes permanecieron despiertos como a quienes durmieron lo suficiente para entrar en fases de sueño profundo. Por eso, dirigir la mente en este umbral de consciencia potenciaría la innovación y la resolución de problemas.

Implementar la siesta en tu rutina requiere de precisión para no interferir con nuestra energía del resto de la jornada y se deben seguir estos pasos para obtener el máximo provecho:
- Elegir el momento adecuado: realizar la siesta en la primera parte de la tarde, aprovechando el descenso natural de nuestra energía tras la comida.
- Controlar el tiempo: poner una alarma de entre 10 y 20 minutos como máximo. El objetivo es despertar antes de que nuestro cerebro pase a fases de sueño profundo.
- Definir el objetivo: antes de cerrar los ojos, pensar con claridad en el desafío, la pregunta o la idea que deseamos resolver. Tener ese concepto en mente mientras nos relajamos.
- Preparar papel y lápiz. Debemos anotar cualquier imagen o palabra que aparezca en nuestra mente inmediatamente al despertar, antes de que la lógica borre los rastros de nuestros pensamientos libres.
Si excedemos el límite de los 20 minutos, es muy probable que suframos “inercia del sueño”. En este estado, nos sentiremos aturdidos y con una capacidad mental disminuida debido al despertar brusco desde un sueño profundo.
En qué horarios no se recomienda hacer una siesta
Evitar dormir siestas después de las cuatro de la tarde porque hacerlo podría dificultar nuestro descanso nocturno y conciliar el sueño a la hora habitual. La siesta creativa debe ser breve y estratégica para respetar los tiempos biológicos de tu organismo.
Dormir unos minutos no garantiza una gran idea de forma automática, pero le da a nuestro cerebro el descanso justo para volver a su actividad con más claridad. Al permitir que nuestro sistema nervioso realice esta pausa consciente, rompemos los patrones de pensamiento rígidos que suele imponer el cansancio. Así, se convierte en una de las formas más inteligentes para mantener una mente ágil y resolutiva.


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